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1
Medición de la corrupción:
Un indicador de la Rendición 
de Cuentas
Arturo del Castillo
CULTURA DE LA RENDICIÓN DE CUENTAS
5
SERIE:SERIE:SERIE:
Serie: Cultura de la Rendición de Cuentas
ISBN-968-5500-00-5
D.R. © Auditoría Superior de la Federación
Av. Coyoacán 1501, Col. Del Valle,
C.P. 03100, México, D.F., Tel: 52-00-15-00
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición 
de Cuentas
ISBN-968-5500-06-1
El contenido de esta publicación, incluido el diseño de 
portada e interiores, no podrá ser reproducido total ni 
parcialmente, ni almacenarse en sistemas de reproducción, 
ni transmitirse en forma alguna, sin permiso previo, por 
escrito, de los editores.
3
Presentación 5
Introducción 7
I. Definiciones 11
II. ¿Por qué medir la corrupción? 23
III. ¿Qué podemos medir de la corrupción? 29
IV. ¿Cómo medir la corrupción? 37
V. Conclusiones y comentarios finales 57
Anexo 65
Bibliografía 77
Índice
5
Presentación
La rendición de cuentas y la evaluación del desempeño de las 
instituciones públicas en México se ha convertido en los últimos 
años en un aspecto fundamental para trasparentar el quehacer 
institucional. Contar con instrumentos que permitan medir en 
este contexto los niveles de corrupción o de transparencia, 
contribuye a fortalecer los mecanismos institucionales de 
rendición de cuentas, así como a evaluar las políticas públicas 
para combatir la corrupción.
Se ha comprobado que la corrupción inhibe el efecto social 
de la inversión pública en áreas estratégicas, fomentando así 
la agudización de la pobreza y la marginación; por ello, es 
innegable que los índices de corrupción ejercen una importante 
influencia en el desarrollo político, económico y social de un 
determinado país.
En el texto que se presenta, el cual forma parte de nuestra 
serie editorial “Cultura de la Rendición de Cuentas”, el Dr. 
Arturo del Castillo señala de manera clara y sistemática, los 
problemas centrales que enfrentan las acciones orientadas a la 
medición de la corrupción. 
Con la finalidad de dar mayor sustento a su argumentación 
en el tema que aborda, explica la diferencia que existe entre 
los conceptos “índice” e “indicador”, así como la metodología 
comúnmente aplicada para su diseño, permitiéndonos compren-
der con relativa facilidad el sentido de las técnicas utilizadas, 
sus aplicaciones y sobre todo, sus limitaciones, sean éstas 
metodológicas, culturales o de cualquier índole.
Considera que la medición de los niveles de corrupción es 
condición necesaria para tomar medidas que permitan mejorar 
la vida política y económica de las democracias modernas; 
asimismo, apunta que sin medición no puede haber mejora 
alguna y por ende los esfuerzos por combatir la corrupción y 
fortalecer la rendición de cuentas corren el riesgo de convertirse 
en letra muerta.
Con una consistente capacidad de análisis, afirma que el 
impulso de la rendición de cuentas y el combate a la corrupción, 
fortalecen el funcionamiento de las instituciones y el Estado de 
Derecho, permitiendo construir economías más sólidas en aras 
de una mejor calidad de vida para la sociedad.
Estamos ciertos de que el presente trabajo constituye una 
aportación fundamental para todos los interesados en este tema 
central del debate público en nuestro país.
CPC. Arturo González de Aragón O.
 Auditor Superior de la Federación 
7
Introducción
La rendición de cuentas es una práctica que fortalece las 
instituciones democráticas y el Estado de derecho. Las naciones 
que obligan a sus funcionarios públicos y gobernantes a rendir 
cuentas de manera periódica e institucionalizada suelen ser 
también las naciones que ostentan mejores condiciones de 
vida, economías más fuertes y ejercen una mejor defensa de las 
libertades individuales. Si un Estado no garantiza la rendición de 
cuentas, y los ciudadanos no tienen acceso a una información 
fidedigna y adecuada de las acciones de gobierno, entonces, 
existirán mayores riesgos de que las instituciones públicas se 
corrompan. La rendición de cuentas es una condición necesaria, 
aunque no suficiente, para el control efectivo de la corrupción, 
pues supone transparentar el quehacer del gobierno y hacerlo 
sujeto al escrutinio de todos. De ahí el estrecho vínculo entre la 
rendición de cuentas y el combate a la corrupción.
La rendición de cuentas y el combate a la corrupción se han 
convertido en los signos de los últimos años. En prácticamente 
todo el mundo existe un interés creciente por saber los efectos 
reales que tienen las prácticas corruptas y la ausencia de 
transparencia en la vida política y económica de las naciones. 
En los últimos años hemos sido testigos de la publicación de 
varios índices que intentan medir el nivel de corrupción, de 
opacidad o de transparencia de diferentes países, instituciones 
y organizaciones en todo el mundo. Estos índices han servido 
como detonantes de una discusión que hace apenas 10 años 
estaba prácticamente ausente. Clasificar naciones o instituciones 
en función de su transparencia o nivel de corrupción despierta 
mucho interés y, en ciertas ocasiones, incluso, hasta morbo. En 
todo caso, lo que queda claro es que la cuantificación de los 
niveles de corrupción o de la calidad de los mecanismos de 
rendición de cuentas es un asunto que debe ser tomado con 
sumo cuidado. Sin medición no puede haber mejora alguna y, 
por ende, los esfuerzos de combate a la corrupción y rendición 
de cuentas corren el peligro de quedar en letra muerta. Sin 
embargo, medir fenómenos sociales como la corrupción o la 
opacidad institucional no es cosa sencilla. Se requiere no sólo 
de un conocimiento metodológico completo sino también de 
fuertes dosis de imaginación y de un conocimiento preciso del 
terreno en que se pisa.
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
8
Arturo del CastilloArturo del Castillo
El objetivo de este trabajo es discutir algunos de los aspectos 
metodológicos de los índices que intentan medir los niveles de 
corrupción, señalando algunas de sus ventajas y desventajas. De 
esta manera, se intenta contribuir en el debate actual sobre la 
importancia de este tipo de herramientas y su real capacidad de 
medición. Asimismo, se discute la necesidad de contar con este 
tipo de instrumentos para mejorar la calidad de los mecanismos 
institucionales de rendición de cuentas. Tres preguntas guían 
este trabajo, a saber: ¿por qué medir los niveles de corrupción?, 
¿qué podemos medir? y ¿cómo la podemos medir? Cabe 
señalar que, con el propósito de hacer accesible este trabajo a 
un auditorio más amplio, se ha hecho un esfuerzo por presentar 
los argumentos más abstractos y técnicos de una manera no 
técnica y comprensible para todo tipo de público.
Este documento está organizado en cinco apartados. En 
la primera sección se hace un esfuerzo por aclarar y definir 
términos. Todo investigador tiene la obligación de informar a su 
lector sobre los conceptos claves que guían su estudio. En este 
caso cuatro conceptos tienen especial importancia: rendición de 
cuentas, transparencia, corrupción e índices. La interacción de 
estos cuatro conceptos permiten derivar una serie de argumentos 
explicativos que se desarrollan en los siguientes cuatro 
apartados. En esta sección se argumenta además a favor de 
una visión limitada, pero operable, del concepto de corrupción. 
Los ejercicios de medición requieren conceptos acotados si se 
quiere llegar a datos válidos. De ahí la necesidad de limitar 
nuestro espectro de análisis y atender prácticas concretas y 
específicas que puedan ser clasificadas como corrupción. En la 
segunda sección se ofrecen algunas ideas sobre la importancia 
que tiene el probar distintos instrumentos de medición de los 
niveles de corrupción. En este apartado, se argumenta que estas 
herramientas pueden ser utilizadas con gran provecho para la 
consolidación de los mecanismosinstitucionales de rendición de 
cuentas. En la tercera parte se explican algunas características de 
las técnicas de investigación que se pueden emplear para medir 
los niveles de corrupción. Esta sección pone especial énfasis en la 
técnica de las encuestas, pues los índices de corrupción se basan 
en este tipo de instrumento. En la cuarta parte, se exponen los 
métodos más utilizados para medir los niveles de corrupción. 
Con base en ejemplos y cuadros explicativos se hace un 
esfuerzo por informar de las principales ventajas y desventajas 
9
Introducción
de las distintas estrategias de medición. Este apartado asume un 
tono crítico, con el fin de subrayar el hecho de que los índices, 
aunque loables, no carecen de problemas metodológicos que 
es importante tener en mente. Por último, en la quinta parte, se 
presentan algunos comentarios finales y conclusiones.
11
I. Definiciones
Como muchos otros conceptos utilizados en las ciencias 
sociales, los términos de rendición de cuentas, transparencia 
y corrupción lejos de reflejar un conjunto teórico uniforme y 
coherente han sido fuente de diversas formas de definición 
y teorización. Es difícil —si no es que imposible— poder 
dar una definición ampliamente aceptada de los conceptos 
arriba mencionados, lo que apunta no sólo a un problema 
epistemológico sino más aún a un límite en el lenguaje que hace 
recomendable abandonar la pretensión de alcanzar definiciones 
completas y sustituirlas, en cambio, por la tarea de trazar una 
“cartografía” de sus usos más habituales, describiendo el racimo 
de significados que se adhieren a los términos en los varios 
contextos en que son usados.
En nuestro país, el concepto de rendición de cuentas es 
relativamente nuevo. Ugalde (2002a) explica, por ejemplo, que 
el término se le puede rastrear desde la época del Constituyente 
de 1917, pero no ha sido sino hasta muy recientemente en 
que el vocablo ha penetrado la discusión pública del quehacer 
del gobierno. Ugalde (2002a) nos recuerda también que el 
concepto de rendición de cuentas es engañoso. No existe un 
consenso claro sobre su significado. En cierto sentido, se puede 
decir que la connotación tradicional de la rendición de cuentas 
era eminentemente fiscalizadora; aludía, preferentemente, al 
informe contable que debían presentar los administradores 
de una empresa a los dueños de la misma. En este sentido, 
el administrador era “quien cuidaba la empresa” y, por ende, 
debía informar periódica y detalladamente al dueño del manejo 
del dinero, especialmente en lo que atañe a entradas y salidas. 
La noción de rendición de cuentas se le empezó asociar con 
el término de auditoría, pues se le visualizaba y practicaba 
meramente como un informe de contabilidad.
Hoy día, el concepto de rendición de cuentas ha evolucionado 
para englobar procesos más complejos de la vida pública del 
país, alejándose de su acepción estrecha de mera auditoría 
o fiscalización. Influenciada por la tradición anglosajona1, la 
1 De acuerdo con Ugalde (2002a: 11) la noción moderna de rendición de cuentas tiene 
su origen en el vocablo inglés de accountability, que significa el estado de ser sujeto a 
la obligación de reportar, explicar o justificar algo. Para una discusión a detalle de las 
diferentes acepciones de este concepto y de cómo se ha traducido al español, véase 
Ugalde (2002a) y Crespo (2001).
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
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Arturo del CastilloArturo del Castillo
noción de rendición de cuentas ha mutado para designar el 
proceso por el cual los funcionarios públicos y gobernantes 
deben informar y explicar sus decisiones y actos de gobierno, 
de tal manera que se hagan responsables del ejercicio de la 
autoridad pública que les fue conferida de manera contractual. 
La noción de rendición de cuentas se relaciona estrechamente 
con las ideas de obligatoriedad por parte de las autoridades 
públicas y funcionarios de justificar y explicar su desempeño y 
de responsabilidad frente al ente del que dependen legalmente. 
Al decir responsable se entiende también que existe una 
condición de castigo en caso de que exista un incumplimiento o 
desviación en el ejercicio de la autoridad delegada. Para efectos 
de exposición, en este trabajo se retoma la siguiente definición:
La rendición de cuentas se define como la obligación 
permanente de los mandatarios o agentes para informar 
a sus mandantes o principales de los actos que llevan a 
cabo como resultado de una delegación de autoridad que 
se realiza mediante un contrato formal o informal y que 
implica sanciones en caso de incumplimiento (Ugalde 
2002b: 9).2
Desde esta perspectiva, la rendición de cuentas debe ser 
entendida más bien como un conjunto de procesos, actividades 
y normas englobados en un sistema general de rendición de 
cuentas. Este es un asunto importante, pues es aquí en donde se 
puede encontrar la distinción más claramente entre el concepto 
de rendición de cuentas y el de transparencia. En ocasiones se 
utiliza el término de transparencia como sinónimo de rendición 
de cuentas, lo cual no es del todo acertado. Formalmente, el 
Diccionario de la Lengua Española en su edición de 1992 define 
transparencia como “la actitud o actuación pública que deja ver 
claramente la realidad de los hechos”. Esta es una definición 
demasiado laxa que nos ayuda poco para entender el proceso 
de transparencia institucional.
Para los propósitos de este trabajo, la noción de transparencia 
se entiende más bien como una actividad dentro del sistema 
general de rendición de cuentas. De esta manera, aquí se asume 
22 Esta definición se inspira en el modelo teórico del agente-principal, el cual utiliza el tér-
mino principal para denotar al sujeto que delega autoridad y el término agente para el 
sujeto que recibe el mandato o autoridad. Para una explicación del uso de este modelo 
para analizar la rendición de cuentas, véase Ugalde (2002a).
13
I
D
efiniciones
a la transparencia como la acción de abrir la información de las 
organizaciones políticas y burocráticas al escrutinio público. En 
otras palabras:
La transparencia significa que las razones de toda 
decisión gubernamental y administrativa, así como los 
costos y recursos comprometidos en esa decisión y su 
aplicación, están accesibles, son claros y se comunican al 
público en general (Guerrero y Hofbauer 2003: 3).
De tal suerte que la transparencia “no implica un acto de rendir 
cuentas a un destinatario específico, sino la práctica de colocar 
la información en la vitrina pública para que los interesados 
puedan revisarla, analizarla y, en su caso, usarla como 
mecanismo para sancionar en caso de que haya anomalías 
en su interior” (Ugalde 2002b: 10). La transparencia debe ser 
entendida más bien como un instrumento del sistema global de 
rendición de cuentas y no como la rendición de cuentas en sí 
misma.
En los últimos años, al concepto de transparencia se le 
complementa con la noción de su contrario, es decir, la opacidad. 
Este es un término nuevo que entró en el debate académico vía 
los estudios empíricos de transparencia presupuestaria (Hall y 
Yago, 2000) y el Índice de Opacidad realizado por la consultora 
Pricewaterhouse Coopers. Con este concepto se intenta 
describir aquellas instituciones que no hacen público sus formas 
de operar, que no informan a la gente sobre las decisiones que 
adoptan y los recursos que emplean en su funcionamiento. 
En nuestro país, este término empieza a dominar la discusión 
política y académica sobre la forma en que se elabora, se 
clasifica y se distribuye el presupuesto federal (Guerrero y 
Hofbauer, 2003; Guerrero y Madrid, 2002). También la noción 
de opacidad empieza a ser utilizada para describir ciertas áreas 
críticas de corrupción al interior de la administración pública 
federal, que merecen especial atención o que han sido objeto de 
reestructuraciones organizativas importantes (Secodam,2002). 
Ahora bien, cuando se habla de transparencia, no significa 
solamente exponer cifras, datos, referencias y cuadros, sino 
que la misma apunta principalmente a la información precisa 
y clara para la toma de decisiones y posterior rendición de 
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
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Arturo del CastilloArturo del Castillo
cuentas. El concepto de transparencia no se puede analizar 
sólo semánticamente. Este término está íntimamente ligado 
con los conceptos de ética, claridad, moral pública, honestidad, 
exposición e información entre otros, más aún cuando el 
responsable directo es el funcionario público.3 La democracia 
se consolida y garantiza cuando se fortalecen permanentemente 
los sistemas de transparencias y de responsabilidades, 
principalmente en el sector público. Si un estado no lo garantiza, 
y el ciudadano no tiene acceso a una información fidedigna y 
adecuada; si no existen normas y mecanismos que puedan exigir 
tanto a las autoridades políticas como técnicas una rendición 
total y clara de las cuentas públicas, entonces, se corre el riesgo 
de incurrir en actos de corrupción. Así, se puede observar que el 
término transparencia se relaciona opuesta y directamente con 
el concepto de corrupción.
El concepto de corrupción también supone importantes 
problemas de definición. La corrupción es un fenómeno 
complejo con múltiples causas y efectos, que fluctúa desde el 
simple acto de un pago ilícito hasta el funcionamiento endémico 
del sistema económico y político. El problema de la corrupción 
ha sido considerado no sólo como un problema estructural 
sino también moral y cultural. Por tanto, las definiciones que 
existen sobre corrupción van desde términos generales de “mal 
uso del poder público” y “deterioro moral” hasta definiciones 
legales estrictas, que describen este fenómeno como un mero 
acto de extorsión que involucra a algún servidor público y una 
transferencia de recursos. Por consiguiente, el estudio de la 
corrupción ha sido multidisciplinario y disperso, y ha fluctuado 
desde los modelos teóricos universales hasta las descripciones 
detalladas de escándalos de corrupción individual.
En la literatura especializada existen varias definiciones de 
corrupción. Los investigadores de este fenómeno se han ocupado, 
en parte, en clasificar las diferentes formas de corrupción, con el 
objeto de hacer más operable este concepto y facilitar su análisis. 
Existen, por lo tanto, varias sugerencias de cómo definir este 
fenómeno y cómo clasificarlo en subfenómenos. Por ejemplo, 
algunos autores han definido la corrupción como un tipo de 
3 Para una discusión a profundidad de la noción de transparencia y su relación con el 
fortalecimiento del Estado de derecho, así como diversas estrategias para consolidar los 
mecanismos de transparencia, véase Transparencia Internacional (1998).
15
I
D
efiniciones
relación entre Estado y sociedad y han establecido la diferencia 
entre corrupción “política” y corrupción “burocrática”.4 Otra 
clasificación muy general sobre corrupción distingue entre 
corrupción “funcional” y “disfuncional”.5 Algunas otras veces, el 
propósito ha sido relacionar el concepto de corrupción con otros 
fenómenos o procesos importantes. Por ejemplo, recientemente 
se ha incluido la lucha contra la corrupción como elemento clave 
en los procesos de democratización (Doing y Theobald 2000).
En suma, no existe un consenso claro sobre qué se entiende 
por corrupción. Algunas definiciones buscan dar un significado 
formal y amplio, mientras que otras no están diseñadas para 
definir la conducta corrupta per se, pero se elaboran para aislar 
aquellas actividades que son el tema de interés del investigador. 
Cada definición representa un nivel de análisis distinto y, por 
ende, una manera diferente de entender la materia. Definir el 
concepto de corrupción es, sin duda, uno de los problemas más 
importantes que enfrentan los interesados en este fenómeno. 
La tarea es engañosa dada la actitud hacia el tema, pues lo 
que algunos consideran como corrupción puede no serlo para 
otros. Este problema de definición se basa en el hecho de que 
el término no tiene sentido sin un referente de comparación. 
4 De acuerdo con esta distinción, el servicio público es ejercido por instituciones polí-
ticas (que hacen las normas) y por estructuras burocráticas (que ponen en práctica 
dichas normas). La autoridad pública es ejercida por funcionarios electos (políticos) 
y designados (burócratas) que desempeñan respectivamente funciones de creación y 
ejecución de políticas públicas. El uso indebido de un servicio y autoridad públicos en 
la formulación de políticas podría verse como corrupción política, y en la ejecución de 
dichas políticas como corrupción administrativa. Aunque no siempre es fácil distinguir 
la corrupción política de la administrativa, puede decirse que los actores principales de 
los actos corruptos son, en la primera, los políticos y, en la segunda, los burócratas. Para los actos corruptos son, en la primera, los políticos y, en la segunda, los burócratas. Para 
un análisis de la distinción teórica entre corrupción política y administrativa, véase Della un análisis de la distinción teórica entre corrupción política y administrativa, véase Della 
Porta y Vannucci (1999), especialmente capítulo 5.
5 Esta otra distinción se acuñó desde la perspectiva de las teorías del desarrollo, muy de 
moda en las décadas de los años sesenta y setenta. De acuerdo con esta clasificación, 
existen prácticas corruptas que pueden ayudar a las estructuras políticas y burocráticas 
a moverse (corrupción funcional) y otras que francamente obstaculizan y vulneran la 
gestión de los bienes públicos y la impartición de justicia (corrupción disfuncional). 
Esta distinción hace énfasis también en el grado de desarrollo de las sociedades. Los 
autores que suelen suscribir esta distinción argumentan que la corrupción tiende a incre-
mentarse en periodos de rápido crecimiento y modernización como consecuencia del 
cambio de valores, las nuevas fuentes de riqueza y poder y la paralela expansión de la 
Administración. Los autores considerados “funcionalistas” han llegado a asegurar que 
la corrupción ha sido una palanca de desarrollo económico y un instrumento para cons-
truir ligámenes políticos entre elites y ciudadanos. Hoy día, esta perspectiva ha quedado truir ligámenes políticos entre elites y ciudadanos. Hoy día, esta perspectiva ha quedado 
fuera de lugar, pues se ha evidenciado que toda práctica corrupta, a mediano plazo, 
conlleva graves consecuencias sociales, políticas y económicas. Una referencia clásica 
del enfoque funcionalista es la obra de Huntington (1968). Para una lectura crítica a esta del enfoque funcionalista es la obra de Huntington (1968). Para una lectura crítica a esta 
perspectiva, véase Werner (1983) y Caiden y Caiden (1977). 
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
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Arturo del CastilloArturo del Castillo
“Corrupción” denota en esencia desviación o perversión de un 
estado ideal o condición natural, pero los investigadores del 
tema tienen diferentes nociones de lo que es esta condición.6
En el debate actual, corrupción suele ser entendida en 
términos generales como “todo abuso de un poder público 
con fines privados” (Transparencia Internacional 1998: IV). Sin 
embargo, esta definición resulta tan amplia que es poco operable. 
Entendida de esta manera, el término corrupción puede incluir 
una gran variedad de actos ilícitos, como el soborno, nepotismo, 
extorsión, fraude, tráfico de influencias, cohecho, favoritismo, 
lavado de dinero, etcétera. Todos estos son actos ilegales que, 
ciertamente, pueden ser considerados manifestaciones distintas 
de corrupción, pero estas actividades ilegales no son iguales en 
su extensión, ni en sus causas, ni efectos. Másaún, no todas 
estas formas de corrupción son igualmente reconocidas y 
sancionadas en todas las sociedades del mundo. Lo que aquí 
pudiera ser un típico caso de nepotismo, en Bangladesh, por 
ejemplo, pudiera ser un mero acuerdo social de ayuda entre 
familias (Zakiuddin, 2001).
Por tanto, para efectos de este trabajo resulta conveniente 
pensar mejor en alguna de las formas en que se manifiesta la 
corrupción, de tal suerte que este concepto pueda ser operable 
y tenga un dimensión empírica concreta en nuestro país. 
Optemos, pues, por el soborno y la extorsión, formas específicas 
pero comunes de corrupción en todo el país y en los tres niveles 
de gobierno. De acuerdo con el Diccionario de la Lengua 
Española en su edición de 1992 la extorsión es “la amenaza por 
parte de un funcionario público al ciudadano de una medida 
lesiva para éste si no realiza una contraprestación o pago 
irregular a beneficio del funcionario”. El soborno, por su parte, 
es “una suma de dinero u otro favor que se ofrece a una persona 
que ocupa una posición de poder o de autoridad pública, a fin 
de influir en sus puntos de vista o su comportamiento”.7 Al 
66 Para una discusión detallada sobre las distintas definiciones de corrupción, véase 
Williams (1999). Para una discusión sobre las implicaciones metodológicas para el aná-
lisis empírico de las principales definiciones de corrupción, véase del Castillo (2001b).
7 En el contexto mexicano esta situación de corrupción suele ser descrita con la palabra 
“mordida”. En un estudio realizado en el 2001 por Transparencia Mexicana, sobre 
la percepción de los jefes de hogar sobre la corrupción en México, se pudo constatar 
que la mayor parte de la población asocia la palabra “mordida” con el acto de ofrecer 
dinero, o algún otro favor pecuniario, a funcionarios públicos para obtener un beneficio 
o una decisión favorable. Sin embargo, también es importante señalar que en dicho 
estudio se pudo observar que el 18.7% de los jefes de hogar entrevistados en el país 
(muestra estrictamente probabilística de 13,790 entrevistados) no identificaron corrup-
ción con mordida. Es decir que una de cada cinco personas que declaró no haber 
tenido un acto de corrupción, sí ha dado mordida. Este es un dato importante que 
debería hacernos reflexionar sobre el grave problema de tolerancia que tenemos hacia 
la “pequeña” corrupción en México. El estudio de Transparencia Mexicana se puede 
consultar en: www.transparenciamexicana.org.mxwww.transparenciamexicana.org.mx
17
I
D
efiniciones
considerar estas dos formas de corrupción se quiere subrayar 
el hecho de que la corrupción es un problema en dos sentidos. 
Dicho de otra manera, la corrupción puede suceder no sólo 
porque existe un funcionario que exige un pago ilícito —lo cual 
nos remitiría fundamentalmente a un caso de extorsión— sino 
también porque en ocasiones es el mismo ciudadano el que 
ofrece el pago ilícito, lo cual nos lleva a una situación más 
bien de soborno. Si consideramos estas dos definiciones junto 
con la definición más general de corrupción propuesta por 
Transparencia Internacional apuntada arriba, entonces tenemos 
que:
La corrupción consiste en la violación de una obligación 
por parte de un funcionario público (burócrata) o 
representante popular (político) con el objeto de obtener 
un beneficio personal, en forma de dinero o regalos, de la 
persona que lo soborna o a quien extorsiona.8
Desde esta perspectiva, uno puede argumentar que la 
corrupción puede aparecer cuando existen ciertas condiciones 
estructurales que la hacen más propicia. Tales condiciones 
pueden ser formuladas a partir de lo que se ha llamado la 
“ecuación básica” de la corrupción (Klitgaard 1988: 74-75). Tal 
ecuación es la siguiente:
Corrupción = Monopolio de la decisión pública 
más Discrecionalidad de la decisión pública menos
Responsabilidad (en el sentido de obligación de dar 
cuentas) por la decisión pública adoptada.
De acuerdo con esta ecuación fundamental, la corrupción 
encuentra su terreno mejor abonado cuando las decisiones 
8 Esta forma de entender el concepto corrupción tiene la ventaja además de establecer 
vínculos estrechos con las definiciones de rendición de cuentas y transparencia apun-
tadas anteriormente. Al igual que en el caso de la rendición de cuentas, un modelo 
conceptual útil para analizar la corrupción es el modelo del agente y el principal. Una 
autoridad o un principal, como la Secretaría de Ecología, emplea a un agente como ins-
pector de medio ambiente. El agente interactúa en representación del principal con un 
cliente como, por ejemplo, una empresa que solicita una licencia para desempeñar una 
actividad considerada perjudicial para el medio ambiente. En tal caso, un agente será 
corrupto cuando, a su juicio, los beneficios de corromperse superen los posibles riesgos 
de ser sorprendido en el ilícito. De igual manera, un cliente participará en el soborno o 
en la extorsión cuando los beneficios que obtenga sean mayores que los costos implica-
dos. Algunas referencias clásicas que utilizan el modelo agente-principal para estudiar 
el fenómeno de la corrupción son: Banfield (1975), Rose-Ackerman (1978) y Klitgaard 
(1988).
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
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Arturo del CastilloArturo del Castillo
públicas se toman en régimen de práctico monopolio (personal 
u organizacional), con amplias facultades discrecionales y sin 
criterios acotados de decisión, y sin mecanismos que obliguen 
a la rendición de cuentas. Por el contrario, cuando el agente 
decisor es plural o el poder es consensuado, los criterios de 
decisión objetivos y tasados, y la fiscalización y rendición 
de cuentas muy estricta, la corrupción se halla en un medio 
ambiente mucho más hostil.
Ahora bien, al exigirse a las instituciones públicas una mayor 
transparencia y una demostración más precisa de sus logros, la 
cuestión de la rendición de cuentas y la evaluación de la calidad 
de su desempeño se ha convertido en un aspecto fundamental 
en la vida pública de las sociedades democráticas. México 
no puede sustraerse de este hecho. Al ingresar a un mundo 
global estamos expuestos a comparaciones, evaluaciones y 
mediciones de todo tipo. De ahí la importancia de desarrollar 
instrumentos que nos permitan saber el nivel de corrupción o 
de transparencia que guardan nuestras instituciones. Este no 
es un asunto menor, sobre todo si se considera la complejidad 
del asunto. La corrupción es difícil de medir. Por lo general, las 
prácticas corruptas ocurren de manera secreta y los actores 
involucrados raramente hacen público los términos de sus 
acuerdos. Por tanto, hasta hace poco tiempo, la mayoría de los 
estudios sobre corrupción presentaban sus análisis con base en 
datos incidentales y anecdóticos, con poca sistematización y 
rigor en sus conclusiones. Estudios longitudinales o análisis con 
agregación de datos de varios países o sectores productivos eran 
inexistentes. En un ensayo metodológico titulado “What cannot 
be analyzed in statistical terms?”, la corrupción es mencionada 
como el típico ejemplo de un fenómeno que es posible observar 
pero no cuantificar, en tanto que “no puede existir estadística 
alguna sobre un fenómeno cuya naturaleza es ambigua” (Dogan 
y Kazancigil 1994: 32).
Sin embargo, en los últimos años hemos sido testigos de la 
publicación de varios índices que intentan medir el nivel de 
corrupción, de opacidad o de transparencia de diferentes países 
en todo el mundo. Algunos de estos índices son:
• El International Country Risk Guide (ICRG), el cual se 
basa en encuestas de opinión de expertos y periodistas. 
Este índice indica la propensión que existe, en los países 
enlistados, de que los funcionarios públicos cometan actos 
de extorsión en procesos administrativos relacionados 
19
I
D
efiniciones
con la adquisición de licencias para importar o exportar, 
pago de impuestos o asistencia policíaca.9• El índice de Business International (BI), el cual se basa en 
una encuesta de opinión mundial y en el que se incluyen 
varios factores de riesgo comercial y político, incluyendo 
corrupción. Los datos para este índice se recolectaron a 
partir de una red global de corresponsales y analistas de 
inversión, que cubrieron el periodo 1981-1983.10
• El Global Competitiveness Report Index (GCRI), el Global Competitiveness Report Index (GCRI), el Global Competitiveness Report Index
cual se basa en una encuesta que involucra a mandos 
medios y directores de empresas en todo el mundo. Este 
índice reporta estimaciones de soborno en negocios 
internacionales. Sin embargo, dada su metodología 
y objetivos es poco utilizado para análisis empíricos 
consistentes.11
• El Índice de Percepción de la Corrupción (IPC), el cual es 
publicado anualmente por Transparencia Internacional, 
la única ONG internacional dedicada al monitoreo y 
combate a la corrupción en el mundo. Este es un índice 
compuesto que se basa en varias encuestas de opinión 
realizadas por diferentes organizaciones privadas y 
entrevistas a analistas y expertos.12
9 Para el lector interesado, cabe señalar que Tanzi y Davoodi (1997) describen y utilizan 
este índice en un estudio sobre corrupción, inversión pública y crecimiento económico. 
Sus resultados, aunque preliminares, parecen comprobar la hipótesis de que la corrup-
ción inhibe el efecto social de la inversión pública en áreas estratégicas, y contribuye así ción inhibe el efecto social de la inversión pública en áreas estratégicas, y contribuye así 
con la agudización de problemas de pobreza y marginación.
10 Mauro (1995) fue el primero en utilizar los datos proporcionados por BI e inicio, de esta Mauro (1995) fue el primero en utilizar los datos proporcionados por BI e inicio, de esta 
manera, una serie de trabajos cuantitativos basados en índices comerciales y subjetivos 
de niveles de corrupción por país. El trabajo de Mauro es considerado el primero en su 
tipo. Se trata de un estudio econométrico sobre el efecto que tiene el nivel de corrupción tipo. Se trata de un estudio econométrico sobre el efecto que tiene el nivel de corrupción 
en la tasa de crecimiento nacional, y los resultados demostraron que, efectivamente, 
existe un efecto negativo. Ades y Di Tella (1997) explican algunos aspectos importantes 
del índice de BI y lo contrastan con los resultados proporcionados por un sondeo reali-
zado entre empresarios alemanes en 1994.
11 Este índice se publica desde 1989 y se enmarca en el reporte mundial del World 
Economic Forum, de Suiza. Como se apuntó arriba, existen pocas garantías de que este Economic Forum, de Suiza. Como se apuntó arriba, existen pocas garantías de que este 
reporte se realice con el rigor que requiere una investigación científica, por tanto no ha 
sido muy utilizado en estudios empíricos sobre corrupción.
12 Lamsdorff (1998) describe cómo se construye este índice, así como algunos problemas 
metodológicos de anteriores índices de corrupción. Por su parte, Kaufmann (1998) y 
del Castillo (2003) discuten algunos de los problemas metodológicos que enfrenta este 
índice.
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
20
Arturo del CastilloArturo del Castillo
Por tanto, la pregunta ya no es si la corrupción puede ser 
medida y analizada empíricamente. Las preguntas son: ¿cómo? 
¿con base en qué indicadores? y ¿con qué nivel de precisión? En 
consecuencia, es importante entender la metodología que existe 
detrás de estos índices, con el fin de saber cómo interpretarlos 
y, en su caso, cómo utilizarlos o replicarlos para fortalecer los 
mecanismos de rendición de cuentas en nuestro país. Sin 
embargo, antes de continuar sería conveniente hacer una 
última consideración de definición de términos. Hasta ahora 
se ha utilizado repetidamente el concepto de índice, pero ¿qué 
significa este término? ¿Qué diferencia existe entre la noción de 
índice e indicador?
Para efectos de exposición, se puede hacer una distinción 
poco ortodoxa entre índice e indicador. Los indicadores son 
parámetros de medición que reflejan el comportamiento 
observado de un fenómeno. Representan medidas sobre 
aspectos no directamente mensurables, como lo son muchas 
de las actividades y propósitos gubernamentales: salud, 
educación, bienestar social, etcétera. Formalmente hablando, 
los indicadores se expresan en términos de ecuaciones, donde el 
número de la categoría observada es dividido entre el total del 
universo de referencia. Por ejemplo, un indicador puede ser la 
tasa de fecundidad. En tal caso, el número de nacidos vivos se 
divide entre el número de mujeres de edad fértil (15-49años), 
multiplicado por cien. Los índices, por su parte, son el resultado 
de la agregación de datos que se obtienen de los indicadores. 
Algunos ejemplos de índices son el de contaminación ambiental, 
el de mortalidad hospitalaria o el de crecimiento demográfico.
De igual manera se pueden construir índices que midan la 
incidencia del soborno en un país o sociedad determinada. Estos 
índices son construidos a partir de indicadores técnicamente 
sencillos pero de difícil hechura dado el acceso a la información. 
(Se entiende que en tanto la corrupción es un acto ilegal y 
normalmente secreto el acceso a la información es escaso o de 
dudosa validez). Considérese, por ejemplo, el caso del Índice de 
Corrupción y Buen Gobierno (ICBG), que creó Transparencia 
Mexicana. Este índice se construyó a partir de un indicador 
que mide la extensión e incidencia del soborno en la gestión de 
servicios públicos en México. La fórmula para calcular el ICBG 
por servicio es la siguiente:
21
I
D
efiniciones
ICBGs =
Número de veces en los que un servicio se
obtuvo con soborno (mordida)
X 100
Número total de veces en los que se utilizó
el mismo servicio
La fórmula para calcular el ICBG general (38 servicios) es:
ICBGg =
Número de veces en los que se dio mordida
en los 38 servicios
X 100
Número total de veces que se utilizaron los 
38 servicios
Estos indicadores miden la incidencia del soborno en los 
38 servicios públicos “críticos” previamente identificados por 
Transparencia Mexicana, a partir de pruebas piloto. Con base en 
los resultados de este indicador fue posible enlistar los servicios 
públicos en función de su propensión a ser obtenidos mediante 
sobornos. Más aún, diferenciando los resultados de este 
indicador por entidades federativas, Transparencia Mexicana 
ordenó los 32 estados de la República del más corrupto al 
menos corrupto, en función de este indicador. Los resultados del 
Índice de Corrupción y Buen Gobierno por entidad federativa y 
por cada uno de los 38 servicios públicos se reproducen en los 
cuadros 1 y 2, respectivamente, en el Anexo.
El ICBG es un buen ejemplo de qué es un indicador y qué 
es lo que puede medir. Se trata de un instrumento de medición 
que permite cuantificar el comportamiento del fenómeno bajo 
estudio. No se trata de un instrumento que mida en su totalidad 
el fenómeno ni plenamente objetivo. Se trata, en cambio, de 
un instrumento que mide una forma específica pero común de 
corrupción y lo hace en función de la información a la que es 
posible tener acceso.13
Una vez aclarados los términos de este estudio, podemos 
proceder con las tres preguntas que guían este trabajo, a saber 
¿por qué medir la corrupción?, ¿qué podemos medir? y ¿cómo 
la podemos medir?
13 Este último punto es importante, pues nos lleva al terreno pocas veces discutido con pro-
fundidad sobre qué instrumentos se pueden utilizar para obtener información y construir fundidad sobre qué instrumentos se pueden utilizar para obtener información y construir 
los índices de corrupción, como el ICBG. Este es un asunto que se discute con detalle en los índices de corrupción, como el ICBG. Este es un asunto que se discute con detalle en 
las siguientes apartados.
23
II. ¿Por qué medir la corrupción?Medir la corrupción constituye a la vez una quimera y 
una tentación irresistible. La corrupción es quizás el crimen 
menos reportado que existe. Un acto de corrupción es 
perpetrado generalmente con gran secrecía. Todas las partes 
involucradas en la transacción corrupta (el que da el soborno y 
el que lo recibe) están usualmente satisfechos con el resultado y 
reconocen las posibles consecuencias negativas que resultarían 
de revelar su propio papel en dicha conducta criminal, incluso 
si no se encuentran satisfechos. Mientras tanto, las víctimas de 
la corrupción, que son usualmente el público en general y la 
sociedad en su conjunto, se encuentran inconscientes de los 
actos específicos de la corrupción o están acostumbrados de 
manera tal que se vuelven indiferentes a ella.14
Dada esa secrecía y los intereses comunes entre las partes 
involucradas, los niveles de corrupción son extremadamente 
difíciles de medir. No existe un indicador único y ampliamente 
aceptado que nos permita evaluar la dimensión del fenómeno 
de la corrupción. No obstante, este no es un problema exclusivo 
de la corrupción. Al contrario, históricamente las ciencias 
sociales se han enfrentado con el mismo problema de medición 
y constatación de hechos. En diferentes ámbitos y disciplinas 
se han ensayado distintos métodos de medición, que intentan 
otorgar una mayor precisión al análisis y comparación de los 
fenómenos bajo estudio. El interés de medir y cuantificar nace 
originalmente de la necesidad de contar con algún punto de 
referencia que permita evaluar cómo el fenómeno analizado se 
ha desarrollado en un lapso de tiempo definido o en función 
de otras variables. En las últimas décadas los científicos sociales 
han hecho avances significativos para medir, por ejemplo, los 
1414 Lamentablemente este podría ser el caso de México. Como ya se apuntó arriba, en la 
nota siete, existe un amplio grupo social que no relaciona la mordida con corrupción. 
Para ellos, sobornar a un policía de tránsito o a un empleado público de limpia es parte Para ellos, sobornar a un policía de tránsito o a un empleado público de limpia es parte 
de la dinámica social y, sin embargo, esta tolerancia hacia la “pequeña” corrupción 
reporta números francamente alarmantes. En el estudio de Transparencia Mexicana se 
pudo registrar casi 214 millones de actos de corrupción en el uso de servicios públicos en pudo registrar casi 214 millones de actos de corrupción en el uso de servicios públicos en 
los últimos 12 meses, donde en promedio las “mordidas” costaron a los hogares mexi-
canos $109.50 pesos cada una. Esto implica más de 23, 400 millones de pesos anuales canos $109.50 pesos cada una. Esto implica más de 23, 400 millones de pesos anuales 
en pagos de mordidas por servicio público a los hogares. Además, se pudo saber que 
los hogares mexicanos que reportan “mordidas” destinan el 6.9% de su ingreso a este 
rubro. Para los hogares con ingresos de hasta 1 salario mínimo, la práctica de la mordida rubro. Para los hogares con ingresos de hasta 1 salario mínimo, la práctica de la mordida 
en realidad representa un impuesto regresivo del 13.9% de su ingreso. Con estos datos 
a la mano cabe preguntarse que tan “pequeña” es la “pequeña” corrupción en México. a la mano cabe preguntarse que tan “pequeña” es la “pequeña” corrupción en México. 
La tolerancia hacia este tipo de actividad ilícita carece de sentido.
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
24
Arturo del CastilloArturo del Castillo
estándares democráticos de varios países, el respeto de los 
derechos humanos, la participación de la mujer en el ámbito 
laboral, la incidencia de la violencia en grupos marginales, la 
cultura organizacional de empresas, la calidad de vida entre 
naciones, etcétera.
Medir un fenómeno social es una forma de describirlo. Los 
problemas de los que se ocupan las ciencias sociales modernas 
son de difícil tratamiento. No es fácil aislar, por ejemplo, 
variables como violencia o democracia, pues son variables que 
pueden tener distintos significados y formas de manifestarse. 
Son categorías conceptuales demasiado amplias en las que se 
puede incluir una amplia gama de hechos y circunstancias. Ante 
este problema, los investigadores suelen optar por definiciones 
estrechas que permitan acotar el problema bajo estudio y, de esta 
manera, describir y cuantificar mejor lo observado. Ciertamente 
ésta es una salida que distorsiona la complejidad del fenómeno. 
Sin embargo, también es cierto que delimitar el problema y 
asignarle un valor cuantitativo, en función de ciertos criterios 
o parámetros de medición, facilita la comparación o contraste 
del fenómeno bajo estudio. Considérense, por ejemplo, algunos 
de los índices que recientemente han orientado el debate de la 
opinión pública en nuestra región:
a) El Índice de Democracia. Este índice está calculado 
con base en una encuesta de opinión pública realizada 
cada año por una empresa chilena, la Corporación 
Latinobarómetro. Representa las opiniones, estudios, 
comportamientos y valores de los países de América 
Latina en los que se aplica. El estudio comenzó a ser 
aplicado de manera regular en ocho países de la región 
en 1995 y se extendió a 17 países a partir de 1996. El 
sondeo revela que el apoyo de los latinoamericanos a 
la democracia cayó 12 puntos, del 60% en el 2000 al 
48% en el año 2001, mientras que la satisfacción de 
los ciudadanos con la democracia bajó en el mismo 
porcentaje, del 37 al 25%. Este índice indica que las 
sociedades más democráticas, con el mayor apoyo y 
satisfacción en América Latina son Uruguay y Costa Rica, 
y las menos democráticas son Colombia, Paraguay y El 
Salvador que reflejan el menor apoyo y satisfacción en 
los últimos cuatro años. Al comparar con 1996 se puede 
25
II
¿Por qué m
edir la corrupción?
observar que salvo Costa Rica y Uruguay, todos los otros 
países han cambiado su posición en este índice. Argentina 
cayó del tercer lugar al sexto, por ejemplo, mientras que 
México subió.15 Los resultados del Índice de Democracia 
se reproducen en el cuadro 3 del Anexo.
b) El Índice de Gobernabilidad. Este índice fue creado por un 
grupo de investigadores del Instituto del Banco Mundial, 
encabezado por Daniel Kaufmann. Para construir este 
índice se utilizaron varias encuestas de opinión que 
se estandarizan para enlistar a los diferentes países 
evaluados. De acuerdo con el documento de divulgación 
que acompaña a este índice, “el propósito de este índice 
es el de ilustrar características de gobernabilidad para 
analizar y discutir implicaciones. No se intenta con esto 
‘jerarquizar’ a los países con estas fuentes externas, sino 
estudiar los retos a nivel micro de cada país” (Kaufman et. 
al 2002: 4). Para desarrollar este índice, un total de 175 al 2002: 4). Para desarrollar este índice, un total de 175 al
países fueron evaluados con base en seis dimensiones 
de gobernabilidad.16 Estas dimensiones fueron las 
siguientes:
• Columna 1: Voz, libertades fundamentales y rendición 
de cuentas.
• Columna 2: Estabilidad política y falta de violencia.
• Columna 3: Eficacia gubernamental o burocrática.
• Columna 4: Calidad del marco regulatorio.
• Columna 5: Aplicación de las normas del Derecho.
• Columna 6: Control de la corrupción.
Los resultados del Índice de Gobernabilidad por columna 
o dimensión de análisis se reproducen en el cuadro 4 del 
Anexo.
c) El Índice de Violencia. Éste es un índice particularmente 
relevante para el asunto que aquí nos ocupa, pues la 
violencia también es un fenómeno de difícil tratamiento. 
!5 El lector interesado puede consultar este índice en la página web:
www.latinobarometro.orgwww.latinobarometro.org
16 El documento de divulgación junto con los resultados del índice se puede encontrar 
en el trabajo de Kaufmann, Kraay y Zoido-Lobáton (2002), disponible también en la 
página web del Instituto del Banco Mundial en: www.worldbank.org/wbi/governance/www.worldbank.org/wbi/governance/pdf/govmatters2.pdfpdf/govmatters2.pdf
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
26
Arturo del CastilloArturo del Castillo
Al igual que la corrupción, la violencia es el producto 
de la ausencia de un Estado de derecho. La violencia 
también devasta la economía e impide el progreso de las 
sociedades que la padecen. De acuerdo con este índice, 
la región de América Latina es la más violenta del mundo. 
Más aún, es alarmante saber que mientras la tasa de 
homicidios promedio en América Latina es de 22.9 por 
cada 100 mil habitantes, en Centroamérica llega a 57.3. 
La investigación que acompaña este índice estima que 
en El Salvador los costos de la violencia han llegado a 
alcanzar hasta un poco más del 13% del PIB. El Salvador 
entre 1994 a 1996 tuvo tasas de homicidios más altas 
que el promedio anual de muertes violentas durante el 
tiempo del conflicto armado, alrededor de 6,250 muertes 
anuales.17 Los resultados del Índice de Violencia se 
reproducen en el cuadro 5 del Anexo.
Todos estos índices son ejemplos de cómo se puede hacer 
operable un concepto que, en principio, resulta de difícil 
tratamiento empírico. En todos estos casos, los investigadores 
han logrado construir índices que nos permiten establecer 
comparaciones entre naciones y, en algunos casos, incluso, 
entre diferentes periodos de tiempo. Este es un logro en absoluto 
despreciable, sobre todo si se considera las ventajas que tiene 
este tipo de instrumentos. Medir tiene varias ventajas. Por 
un lado, permite describir el fenómeno analizado de manera 
más acotada y, por tanto, mucho más fácil de aprehender y 
comparar. Por otro, permite conocer mejor el rendimiento o 
desarrollo que ha tenido el fenómeno bajo estudio en un lapso 
definido. Esta ventaja es particularmente importante para casos 
en que se implica algún tipo de política pública. 
¿Cómo evaluar la eficacia de los programas y planes de 
gobierno si no se cuenta con algún tipo de indicador que 
nos permita saber qué tanto se ha mejorado o empeorado la 
situación enfrentada? Instrumentar reformas que mejoren la 
rendición de cuentas y la calidad del gobierno es difícil. Debido 
a que dichas reformas disminuyen de forma dramática las rentas 
17 Este índice se puede encontrar en el documento publicado en 1997, por el Banco 
Mundial, sobre crimen y violencia. Para mayores detalles de publicación véase Banco 
Mundial (1997), en la parte de referencias al final de este trabajo.
27
II
¿Por qué m
edir la corrupción?
derivadas de la corrupción, los funcionarios de alto rango, los 
políticos y los burócratas se resisten frecuentemente a ellas. No 
obstante, dicha resistencia puede ser encubierta con frecuencia 
debido a la falta de evidencia concreta sobre la corrupción y 
la suposición —ahora descartada— de que la corrupción no 
puede ser medida. Cuando dicha evidencia es disponible, el 
debate en torno a la corrupción puede enfocarse en asuntos 
más sustantivos.
Por tanto, en el debate actual sobre el combate a la corrupción, 
el interés por medir los niveles de corrupción y de transparencia 
de nuestras instituciones públicas es legítimo y deseable. 
Inicialmente éste fue un asunto abordado por organizaciones 
interesadas en el análisis de riesgo de inversión. En tanto 
que la corrupción es un fenómeno que puede distorsionar 
las oportunidades de mercado, empresarios e inversionistas 
son particularmente sensibles a este tipo de indicadores. 
La inversión suele ir hacia donde exista mayor seguridad y 
respeto a los derechos de propiedad. La corrupción vulnera los 
principios de equidad e igualdad en la competencia entre los 
actores económicos y, por tanto, es considerado como un factor 
de riesgo de inversión. Como se puede deducir de lo hasta aquí 
señalado, el asunto de la corrupción debiera interesarnos a 
todos. La corrupción, la falta de transparencia en las acciones de 
gobierno y, en suma, la falta de rendición de cuentas vulneran 
el tejido social de cualquier país. Los índices que miden los 
niveles de corrupción y transparencia pueden ser utilizados 
con gran provecho para fortalecer los mecanismos de rendición 
de cuentas en nuestro país. Existen al menos tres razones que 
soportan esta idea:
• En primer lugar, los índices nos pueden ayudar a 
establecer prioridades en el sistema global de rendición 
de cuentas. Ugalde (2002b), por ejemplo, ha señalado 
atinadamente que hoy día carecemos de mecanismos 
prácticos e institucionales de rendición de cuentas en 
el ámbito estatal y municipal. Índices que nos permitan 
saber qué tan transparentes son realmente los organismos 
públicos en estos niveles de gobierno podrían emplearse 
como mecanismos de fiscalización más puntual y 
acertada; nos permitiría saber dónde hay fallas y en 
dónde centrar nuestra atención. 
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
28
Arturo del CastilloArturo del Castillo
• En segundo lugar, los índices pueden tener un efecto 
educativo en el público sobre la importancia que tiene 
la rendición de cuentas. Tan sólo recuérdese que hace 
apenas 10 años el debate sobre la corrupción era 
prácticamente inexistente en el ámbito internacional. En 
gran medida, el interés que está teniendo este tema en el 
mundo se desencadenó cuando, en 1995, Transparencia 
Internacional publicó por primera vez su Índice de 
Percepción de la Corrupción. Año con año este índice ha 
provocado airados debates en todo el mundo. Cada vez 
son más los individuos que se interesan en el tema y, en 
gran medida, porque anualmente ven ubicado a su país 
en una posición o en otra. Despertar el interés del público 
en general es una condición fundamental para acelerar 
y consolidar las reformas que buscan fortalecer nuestras 
instituciones de rendición de cuentas.
• En tercer lugar, los índices nos pueden ayudar a 
establecer una línea de base sobre la cual los éxitos y 
fracasos de las reformas de transparencia y combate a la 
corrupción pueden ser luego medidos. Al carecer de una 
medición se vuelve extremadamente difícil evaluar áreas 
particularmente críticas o afirmar con seguridad si es que 
los programas de reforma están teniendo en la práctica 
algún efecto positivo.
En suma, construir índices de transparencia y hacerlos 
públicos puede tener un efecto benéfico para la consecución de 
los objetivos del sistema global de rendición de cuentas. Esto no 
quiere decir que los indicadores de corrupción y transparencia 
son la única solución a nuestros problemas de rendición de 
cuentas. Se debe tener mucho cuidado cuando se habla sobre 
índices de corrupción y, sobre todo, de las ventajas que tienen 
este tipo de instrumentos. Ciertamente son herramientas que 
nos pueden ayudar a consolidar nuestro sistema de rendición de 
cuentas, pues informan a la gente y nos pueden alertar sobre los 
puntos críticos de la administración pública, pero no deben ser 
vistos como la panacea de todos nuestros males. Los indicadores 
deben tener objetivos específicos y metodologías consistentes 
para que puedan ser realmente válidos. Por tanto, tienen un 
efecto limitado y parcial. De ahí pues que sea fundamental 
preguntarse primero ¿qué miden en realidad este tipo de índices 
y en qué tipo de información se basan?
29
III. ¿Qué podemos medir de la corrupción?18
Hacer operable la variable “nivel de corrupción” supone dos 
etapas:
1. Categorizar actos particulares de acuerdo con el “grado 
de corruptibilidad”, y
2. Medir la incidencia de los diferentes tipos o grados de 
corrupción.
A continuación se mencionan algunas tipologías que intentan 
captar la variación en el grado de corruptibilidad de acciones 
específicas. Heidenheimer (1970:26-28) propuso clasificar las 
acciones consideradas corruptas de acuerdo con el número y 
tipo de individuos que las consideren como tales. Una conducta 
que tanto las masas como la elite considerancorrupta es 
clasificada como “corrupción negra”. La “corrupción gris” 
consiste en actos que una minoría considera como corruptos 
pero que para una mayoría son ambivalentes. Finalmente, un 
acto es “corrupción blanca” si ni la elite ni las masas exigen un 
castigo para sus perpetradores.
Más recientemente, algunos economistas han ideado otro 
modo de clasificar la conducta corrupta, en este caso, de acuerdo 
con sus efectos en la economía (Shleifer y Vishny, 1993). En 
particular, sugieren que se distinga entre la “corrupción con 
robo” y la “corrupción sin robo”. La corrupción con robo ocurre, 
por ejemplo, cuando un individuo soborna a un funcionario 
público para obtener un contrato pero fracasa al manufacturar 
la obra final, que puede ser un puente seguro, un sistema de 
irrigación funcional o un servicio eficiente. Por otro lado, la 
corrupción sin robo ocurre cuando los que reciben la concesión 
pagan un soborno y fabrican el producto específico.
El modo más amplio de clasificar la conducta corrupta 
lo proporcionan Peters y Welch (1978:976-978), quienes 
desarrollan un esquema con base en cuatro componentes: a) el 
funcionario público, b) el donante / recibidor, c) la concesión y 
d) el pago. En particular, Peters y Welch sugieren que un acto es 
más corrupto si el funcionario público involucrado tiene un rol 
“no político” en el gobierno, como es un juez; si el acto se lleva 
1818 Partes de esta sección se basan en un artículo anterior, del Castillo (2001b).
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
30
Arturo del CastilloArturo del Castillo
a cabo como parte de las tareas del servidor público; si el acto 
es perpetrado por un servidor público por cuenta propia; y si el 
beneficio es un bien particular de proporciones substanciales. 
Por otro lado, de acuerdo con este esquema, un acto con 
todas las características opuestas sería considerado menos 
corrupto, y aquellos actos que tienen diferentes combinaciones 
serían clasificados en algún punto intermedio entre estos dos 
extremos.
Este esquema de clasificación de Peters y Welch permite 
dilucidar el segundo paso —y quizá el más difícil— en la 
operabilidad de la variable “nivel de corrupción”. Se trata de la 
selección de indicadores adecuados para poder medir el nivel 
de corrupción en uno o varios casos específicos. ¿Se deben 
medir los actos de acuerdo con su grado de corruptibilidad o 
de acuerdo con la incidencia que registran? ¿Se debe usar el 
número de servidores públicos involucrados en las transacciones 
consideradas corruptas así como su grado de corruptibilidad? 
¿O se debe usar sólo el valor monetario involucrado en las 
transacciones corruptas para medir los niveles de corrupción? 
La elección de los indicadores de medición puede depender 
no sólo de la preferencia del investigador sino, más aún, 
de la disponibilidad y acceso a datos confiables, lo cual 
puede considerarse como el tercer obstáculo para un análisis 
sistemático de la corrupción.
Idealmente los datos utilizados en la investigación sobre 
corrupción deberían basarse en observaciones directas y 
de primera mano de transacciones corruptas, hechas por 
observadores imparciales que estén familiarizados con las 
reglas y rutinas del sector que está bajo escrutinio. Sobre dichas 
observaciones se podrían construir datos más agregados. 
Sin embargo, este tipo de estudios empíricos no existe en la 
realidad y, por razones obvias, no podemos esperar que existan 
en un futuro próximo. La mayoría de las veces estamos ante 
transacciones disfrazadas que se llevan a cabo en complejas 
jerarquías a las que usualmente los investigadores independientes 
no tienen acceso, como tampoco a las redes sociales adecuadas 
para recaudar mayor información o corroborar los datos 
obtenidos. La información con la que se cuenta es indirecta y, 
hasta ahora, poco sistematizada. Consecuentemente, una de 
las mayores dificultades en la investigación sobre corrupción ha 
sido la falta de una base empírica sólida.
31
III
¿Q
ué podem
os m
edir
 de la corrupción?
Los estudios sobre corrupción comenzaron con el análisis de 
documentos escritos, como informes de prensa (i.e. Whitehead, 
1983; Eker, 1981; Morris, 1991), registros judiciales (i.e. Della 
Porta y Vannucci, 1999; Correa, 1985), e informes de agencias 
anticorrupción (i.e. De Speville, 1997; López, 1998). Usar 
documentos para medir el nivel de corrupción tiene varias 
ventajas. Primero, los recaudadores de datos muchas veces 
no son conscientes del objetivo específico de la investigación 
para la que están trabajando; por ende, los datos recogidos de 
fuentes de archivo tienden a ser no-reactivos y potencialmente 
más exactos que los datos de las entrevistas. Los burócratas, por 
ejemplo, registran procedimientos judiciales sin considerar que 
esos datos pueden ser usados para la medición de niveles de 
corrupción en un estudio futuro. Los datos “crudos” que pueden 
recogerse de documentos judiciales están menos expuestos a 
cualquier prejuicio de quienes llevan a cabo el registro de dichos 
documentos. En segundo lugar, si un tipo de documento cubre 
eventos durante un periodo de tiempo substancial, es posible un 
análisis estadístico longitudinal y comparativo. Por ejemplo, uno 
puede usar datos publicados por la prensa durante varios años 
para determinar si la incidencia de la corrupción, en un país 
determinado, ha cambiado a lo largo del tiempo. Finalmente, 
el análisis de documentos tiene una ventaja sobre el costo de 
la investigación. Al usar registros escritos, los investigadores 
pueden evitarse el costo de recolectar datos crudos por sí 
mismos, así como el costo del almacenamiento de voluminosos 
documentos.
Sin embargo, utilizar estos instrumentos para medir la 
frecuencia o extensión de la corrupción puede ser problemático. 
Las desventajas de usar documentos escritos muchas veces 
consisten en la dificultad de comprobar su validez y confiabilidad. 
La naturaleza clandestina de los actos de corrupción hace 
imposible un cálculo preciso de acciones corruptas que se 
base en fuentes de archivo. Los datos registrados pueden ser 
sistemáticamente parciales, y las mediciones que se deriven 
de ellos pueden ser cuestionables como indicadores válidos. 
Por ejemplo, los diarios pueden reportar pocas actividades de 
corrupción, pero la causa puede ser más una falta de libertad 
de expresión que niveles bajos de corrupción. O bien, un 
periódico puede pertenecer a un grupo de miembros de un solo 
partido político y los editores pueden optar por no informar de 
la corrupción atribuible a miembros de ese partido. Además, los 
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
32
Arturo del CastilloArturo del Castillo
registros judiciales pueden incluir un gran número de individuos 
acusados o condenados por corrupción. Sin embargo, estos 
datos estarían en función de la credibilidad institucional del 
país en cuestión. En regímenes no democráticos, los procesados 
por corrupción pueden ser en realidad enemigos del gobierno 
que han sido condenados por razones más bien políticas que 
criminales. Por último, el investigador también debe tener en 
cuenta los factores que pudieron afectar los procesamientos 
con que se llevaron a cabo los registros de conductas corruptas 
en varios países. Si los procedimientos no fueron idénticos ni 
similares, entonces las mediciones derivadas de las distintas 
fuentes nacionales podrían carecer de validez e, incluso, ser 
incomparables.
Otra técnica de medición consiste en utilizar encuestas 
de opinión y entrevistas con expertos. El uso de encuestas 
y entrevistas elimina el problema de las diferencias en el 
procedimiento de registro, ya que el investigador puede diseñar 
el cuestionario, distribuirlo y agregar los datos crudos que desea 
explorar sin depender de terceros para la observación yel 
registro. Más aún, si los entrevistados están familiarizados con 
más de un país y se les pide que proporcionen evaluaciones 
comparativas, las definiciones conceptuales que usen al evaluar 
casos distintos pueden llegar a ser más congruentes. Por tanto, 
los datos obtenidos por medio de encuestas pueden ser más 
susceptibles de comparación que las mediciones derivadas de 
registros nacionales o de periódicos. Ésta es una ventaja nada 
despreciable cuando se está tratando con un concepto tan difícil 
de aprehender como es el de la corrupción.
Sin embargo, las mediciones basadas en encuestas enfrentan 
sus propios problemas de validez. A fin de recopilar criterios 
objetivos sobre la corrupción, uno puede preguntar a los 
entrevistados cuántas veces los han orillado al soborno los 
servidores públicos. Pero los entrevistados quizá no quieran 
proporcionar esa información por temor a incriminarse. Por 
consiguiente, las encuestas suelen registrar meras percepciones 
generales sobre la incidencia de la corrupción, pero pueden 
diferir de la realidad. En segundo lugar, las encuestas suelen 
tener un porcentaje de respuestas bajo, lo cual puede llevar 
a conclusiones incorrectas. Los individuos que no responden 
pueden diferir sistemáticamente de los que sí lo hacen. La 
necesidad de escudriñar amplios grupos de individuos para 
33
III
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 de la corrupción?
superar este problema de muestreo hace que estos estudios sean 
extremadamente costosos.
Por otro lado, está la pregunta sobre quién es el dueño de la 
información. Si los resultados de la encuesta son menos que 
halagadores, y si la encuesta le “pertenece” al organismo que 
está siendo evaluado, la tentación de suprimir o manipular los 
resultados puede resultar irresistible. Esta tentación puede ser 
abrumadora cuando se le den a un organismo “objetivos de 
desempeño” que tiene que cumplir, y cuando la información 
de la encuesta sea utilizada para juzgar la condición de la 
transparencia de su desempeño. Por ello es altamente deseable 
que existan personas independientes encargadas del diseño 
e instrumentación de la encuesta, y que los resultados sean 
publicados y compartidos con la comunidad a la que se ha 
encuestado. La recolección honesta y profesional de datos, de 
la mano con la subsiguiente presentación de los resultados en 
forma transparente, es lo que le da “una voz” al ciudadano. 
Hasta ahora, ninguno de los instrumentos utilizados para 
medir la corrupción está exento de problemas metodológicos. 
En general, los índices de corrupción se construyen a partir de 
encuestas y entrevistas con expertos. La frontera más nueva 
con este tipo de técnica es encuestar a las partes involucradas 
en la corrupción directa y preguntarles acerca de los costos y 
ganancias privadas resultantes por el pago de sobornos para 
la obtención de servicios públicos. Por ejemplo, los estudios 
de diagnóstico en materia de gobernabilidad y anticorrupción 
instrumentados por el Banco Mundial incluyen tres tipos de 
encuestas llevadas a cabo de manera simultánea, las cuales se 
centran en funcionarios públicos, hogares y empresarios.
a) Encuesta de funcionarios públicos. El propósito de esta 
encuesta es comprender los determinantes institucionales 
específicos de la corrupción, discreción e informalidad, 
desempeño y gobernabilidad de las organizaciones 
públicas. Los resultados de la encuesta le ofrecen al 
debate sobre políticas anticorrupción vínculos como los 
que existen entre gobernabilidad y alivio a la pobreza y 
diferencia de valores.
b) Encuesta empresarial. Esta encuesta estudia el medio 
ambiente empresarial y pone especial énfasis en los efectos 
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
34
Arturo del CastilloArturo del Castillo
de la gobernabilidad del sector público y la corrupción en 
el desarrollo del sector privado. Examina el papel de las 
compañías como usuarios de servicios públicos, como 
sujetos de diversas formas de reglamentación y como 
clientes para la tramitación de licencias y permisos. Se le 
da una atención especial al sistema judicial.
c) Encuesta sobre hogares. El propósito de esta encuesta es 
capturar las experiencias y percepciones de todos los días 
de los ciudadanos respecto a la corrupción tanto en el 
sector público como en el privado. Los ciudadanos son 
encuestados sobre los roles como usuarios de servicios 
públicos, como sujetos de regulación, como clientes en la 
tramitación de licencias y permisos, y como consumidores 
de servicios, como educación, salud, electricidad y 
vivienda. Se da especial atención a servicios sociales, 
como el cuidado de la salud y la educación.19
La meta no es realizar un diagnóstico profundo, sino un medio 
para desarrollar programas de combate a la corrupción que se 
enfoquen en la reforma y la acción colectiva. Sin embargo, 
todas estas encuestas necesitan ser aplicadas con regularidad 
si es que se desea medir el progreso. Más aún, en sociedades 
democráticas, la gente desearía saber si el gobierno está siendo 
en realidad efectivo, particularmente si no aprecian un cambio 
inmediato en su vida diaria. Si las encuestas demuestran que 
las reformas están comenzando a funcionar, entonces la gente 
puede probablemente optar por desempeñar un papel más 
importante en los programas de reforma. Cabe recordar que 
una sociedad apática y descreída puede minar fatalmente los 
programas de reforma mejor intencionados.
A pesar de estas innovaciones en las técnicas de encuesta 
para medir la corrupción, nos seguimos moviendo en el terreno 
de la subjetividad de los informantes. Este es un asunto que 
nos debe mantener alertas sobre los límites inherentes a los 
índices de corrupción. No son instrumentos perfectos y, por 
19 Estos comentarios son una adaptación a las observaciones hechas por Zoido-Lobaton 
del equipo de gobernabilidad del Instituto del Banco Mundial. Para obtener información 
detallada a este respecto se puede consultar la página web www.worldbank.org/wbi/gac/www.worldbank.org/wbi/gac/
instruments.htm donde se pueden encontrar ejemplos de los instrumentos de encuestas 
que han sido utilizados en varios países, así como también de los resultados que han 
arrojado. 
35
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 de la corrupción?
tanto, es necesario conocer sus particularidades. Por tanto, se 
puede afirmar que la corrupción sí puede ser medida, aunque 
de manera parcial y hasta ahora únicamente ateniéndose 
a la subjetividad de los informantes. Esto último nos lleva 
necesariamente al asunto técnico de cómo llevar a cabo la 
medición: qué preguntar y cómo verificar la validez de los 
indicadores de corrupción.
37
IV. ¿Cómo medir la corrupción?
Como se apunto en la primera parte de este trabajo, se puede 
hacer una distinción entre indicadores e índices. Para efectos 
de mantener la misma lógica de argumentación, esta sección 
discute, por un lado, los componentes de los indicadores 
y las encuestas de corrupción y, por otro, de los índices de 
corrupción.
I. La construcción de indicadores de corrupción
Los indicadores no pueden ser instrumentos de medición 
universal. Dependiendo de la necesidad que se quiera cubrir, 
los indicadores deben diseñarse de una manera o de otra. Por 
ejemplo, para una compañía interesada en realizar inversiones 
en varios países, la opinión de los hombres de negocios sobre la 
frecuencia en que ocurren los sobornos puede ser mucho más 
relevante que la percepción reportada por el común de la gente. 
A su vez, para un economista interesado en estudiar el impacto 
de la corrupción en la economía de una sociedad determinada, 
la opinión exclusiva de los hombres de negocios pudiera ser 
demasiado limitada.
Por tanto, cabe preguntarse qué queremos de un indicador 
sobre corrupción. Existen una serie de cualidades que deberían 
tomarse en cuenta para construir indicadores de este tipo. En 
general un buen índice de corrupcióndebe ser:
• Válido. Un indicador será válido en tanto mida lo 
que realmente quiere medir. Por ejemplo, si estamos 
interesados en estudiar aspectos relacionados con el 
soborno en servicios públicos, cuantificar el número de 
sentencias por casos de corrupción en general no será 
un indicador válido, pues el número de sentencias estaría 
más relacionado con la eficacia del sistema judicial en 
general, que con el problema de sobornos. Los conceptos 
no existen en sí mismos en la realidad o tienen una 
existencia real (Babbie 1995: 116). Se tratan más bien 
de construcciones humanas para categorizar objetos o 
eventos, que resaltan ciertas atribuciones que de manera 
exógena se le atribuyen. Por tanto, las cuantificaciones 
empíricas nunca serán más que aproximaciones. No 
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
38
Arturo del CastilloArturo del Castillo
obstante, es deseable que los índices tengan validez 
metodológica, que midan lo que dicen medir.
• Confiable. Un indicador será confiable en tanto reporte 
resultados consistentes. Un indicador que ubique a 
México, por ejemplo, en la posición 8 en una escala de 
1 a 10 en un año, 2 en el año siguiente y 5 en el año 
siguiente, es un indicador poco confiable. La teoría nos 
dice que ese tipo de variación es poco probable. Ninguna 
forma de medición es completamente confiable, pero es 
posible mejorar los resultados obtenidos por medio de 
una construcción cuidadosa de los índices, utilizando 
buenos datos y haciendo varias pruebas piloto.
• Preciso. Un indicador será preciso cuando ofrezca 
resultados en unidades de medición que no dejen lugar a 
dudas sobre qué significan. Por el contrario, una cantidad 
será imprecisa o ambigua cuando existan diferentes 
interpretaciones sobre su significado. Los índices pueden 
ser organizados en categorías de corrupción como “alta”, 
“media” o “baja”, pero también de acuerdo con cierta 
escala numérica. Un aspecto relacionado con la precisión 
de un indicador es su exactitud. Para ilustrar la diferencia 
entre exactitud y precisión, considérese un grupo de 30 
personas en una sala. A una muestra de informantes 
se les pregunta: “¿cuántas de estas personas son más 
altas del 1.75 metros?” En este caso, la variación en las 
respuestas podría deberse a lo inexacto de la pregunta, 
no a la precisión. Ahora, asúmase que se distribuye una 
lista a los informantes con las medidas de altura de las 30 
personas y se les pregunta: “¿cuántas de estas 30 personas 
son altas?” En este caso, la variación en las respuestas se 
deberá a la imprecisión con la que se ha definido “altas”, 
no a lo inexacto de la pregunta. Por supuesto, si no se 
hubiera distribuido una lista con las medidas de altura y 
la pregunta hubiera sido: “¿cuántas de estas 30 personas 
son altas?” Entonces, la variación en las respuestas se 
debería tanto a la imprecisión como a lo inexacto de la 
pregunta.
En el campo de la investigación económica, la evaluación 
de políticas públicas o estudios de inversión, uno normalmente 
quiere utilizar indicadores para comparar los niveles de 
39
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corrupción entre países y a través del tiempo. Los aspectos clave 
que se necesitan para llevar a cabo un ejercicio de comparación 
son la precisión y la exactitud, de ahí que sea necesario tener en 
cuenta estas cualidades.
La cuantificación de los niveles de corrupción en un país dado 
suele clasificarse en términos de objetivo o subjetivo (Kaufmann 
et. al 1999a). Las mediciones objetivas están basadas en et. al 1999a). Las mediciones objetivas están basadas en et. al
información verificable, como el número de denuncias de 
corrupción hechas en un año (Buscaglia, 2001) o el número de 
reportes de prensa denunciando casos de corrupción (Morris, 
1991). Este tipo de mediciones suelen ser confiables, precisas 
y relativamente exactas. Sin embargo, no son útiles para llevar 
a cabo ejercicios de comparación, porque son poco válidas. 
Como ya se mencionó arriba, las diferencias en el número de 
denuncias de corrupción (asumiendo que todas se refieren 
únicamente a casos de soborno) en dos países puede depender 
más de las diferencias en los sistemas judiciales o en los marcos 
legales que en el nivel de corrupción per se. El número de 
reportes de prensa publicados sobre corrupción puede deberse 
más a ciertos escándalos que ocupan, en un momento dado, 
la atención de la opinión pública o a la apertura de los medios 
de comunicación, más que a cambios en los niveles reales de 
corrupción.
Este tipo de dificultades han hecho que la investigación 
empírica reciente sobre corrupción se enfoque más bien en 
instrumentos de medición subjetivos (Ades y Di Tella, 1996). 
Estos instrumentos se basan, como ya se explicó, en encuestas 
en las que los informantes son cuestionados acerca del nivel 
de corrupción. Ahora bien, estos tipos de indicadores pueden 
clasificarse de acuerdo con el objetivo de medición que tengan. 
Existen indicadores subjetivos que intentan medir percepciones
y otros igualmente subjetivos pero que intentan medir 
experiencias.20
a) Indicadores basados en percepciones
La mayor parte del trabajo empírico reciente sobre corrupción 
se basa en uno o más indicadores que miden percepciones de 
20 Kaufmann et al. (1999b) ofrecen un resumen de distintos indicadores subjetivos para 
medir la gobernabilidad.
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
40
Arturo del CastilloArturo del Castillo
corrupción. Este tipo de indicadores está basado en encuestas 
que incluyen preguntas del tipo: “¿qué tan corrupto es su país, 
1-10?” o en entrevistas a “expertos”, en las que se pregunta 
su opinión acerca de los niveles de corrupción en un país o en 
una región determinada. Generalmente estos indicadores son 
válidos y confiables, pero pueden no ser ni exactos ni precisos.
Indicadores de este tipo son generalmente producidos por 
empresas interesadas en la medición del riesgo de inversión, 
como la Standard and Poor’s DRI y la Political and Risk Services. 
A pesar de que la información que ofrece este tipo de indicadores 
tiene un fin comercial, investigaciones empíricas recientes sobre 
gobernabilidad y corrupción los han utilizado extensivamente 
(e.i. Mauro, 1995; Van Rijckeghem y Weder, 1997; Long y Rao, 
1995 Grupta et al., 1998).
Existen serios problemas de precisión con los indicadores 
basados en percepciones. En primer lugar, la percepción general 
sobre la corrupción puede no coincidir con el nivel real, lo cual 
puede reflejarse en una poca sensibilidad hacia las políticas de 
combate a la corrupción instrumentadas por las autoridades 
responsables. También, existe el problema de que los índices 
basados en percepciones son de carácter endógeno. Por 
ejemplo, la percepción que tiene la gente sobre el problema de 
la corrupción puede estar influido por la cobertura que hacen 
los medios de comunicación de escándalos de interés público, 
pero que no necesariamente representan la situación en todo el 
país. Este último punto es fundamental, pues se ha comprobado 
que mucha gente forma su criterio con base en la información 
que ofrecen los medios. Por ejemplo, para construir su Índice 
de Pagadores de Sobornos, Transparencia Internacional le 
preguntó a su grupo de informantes cuáles eran sus fuentes de 
información sobre los problemas de corrupción que percibían. 
Los “medios de comunicación impresos” fue la opción más 
señalada (con el 79% de las respuestas), mientras que la opción 
“experiencia personal” fue ubicada como la tercera fuente de 
información (con el 59% de las respuestas). Estos son datos 
importantes que deben tomarse en cuenta a la hora de construir 
indicadores y, sobre todo, para hacer una lectura adecuada de 
ellos.
41
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b) Indicadores basados en experiencias
Este tipode indicadores se basan en la experiencia de los 
informantes sobre casos de corrupción. Su validez y precisión 
dependen del tipo de preguntas formuladas en las encuestas. Su 
nivel de confiabilidad y exactitud depende de la forma en cómo 
son aplicadas las encuestas. En general, los indicadores basados 
en experiencias ofrecen mejores oportunidades para realizar 
estudios comparativos.
Este tipo de indicadores resuelven muchos de los problemas 
asociados a los indicadores basados en percepciones. La 
experiencia nos puede decir de manera más acertada cuáles 
son los niveles reales de corrupción y, en principio, no está 
influenciada por el efecto que tienen los medios de comunicación. 
Sin embargo, como en el caso de los indicadores basados en 
percepciones, los indicadores basados en experiencias a veces 
adolecen de preguntas imprecisas que les restan capacidad de 
medición. Preguntas del tipo: “de una escala del 1 al 10, ¿qué 
tan frecuente has tenido que pagar sobornos?” están sujetas a 
los juicios individuales de los encuestados sobre qué significa la 
palabra “frecuente”. No obstante, preguntar acerca de la propia 
experiencia de los encuestados mejora el nivel de exactitud de 
los índices de corrupción.
Un aspecto importante es que los informantes pueden 
sobreestimar o subestimar los niveles de corrupción de su país 
en comparación con otros países. Por ejemplo, un hombre de 
negocios mexicano quizás tenga un concepto diferente de qué 
significa pagar frecuentemente sobornos que el de un empresario 
noruego. Este tipo de consideraciones llevó a un grupo de 
investigadores del Banco Mundial a utilizar en sus encuestas 
preguntas con respuesta “verificable”, para corroborar si el 
problema de la corrupción era subestimada o sobreestimada 
por los informantes de esos países (Hellman et al., 2000). El 
problema con este tipo de preguntas de respuesta “verificable” 
es que son tan generales que muchas veces son poco confiables 
y en realidad no mejoran la exactitud de la medición (Stone, 
1992).
En realidad existen pocos ejemplos de indicadores basados en 
experiencias y menos aún que estén sustentados en preguntas 
de cuestionario precisas. Sin embargo, algunos esfuerzos se han 
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
42
Arturo del CastilloArturo del Castillo
hecho. En 1994, el periodista alemán Peter Neumann escribió un 
artículo sobre sobornos en negocios internacionales (Neumann, 
1994). La parte central del artículo de Neumann está basada 
en una encuesta realizada entre 30 empresarios alemanes 
que tienen negocios en varios países. El énfasis se puso en 
saber cuánto dinero han tenido que pagar en sobornos los 
empresarios para poder cerrar sus operaciones. Las respuestas 
se dieron en porcentajes totales del costo que tuvo la operación. 
Esta encuesta es un ejemplo interesante de lo que es posible 
preguntar para generar indicadores basados en experiencias; 
sin embargo, los resultados de un universo de encuestados tan 
pequeño hacen poco exacto este ejercicio de medición.
En 1999, el Banco Mundial y el Banco Europeo de 
Reconstrucción y Desarrollo llevaron a cabo una encuesta 
sobre la dinámica empresarial en países con economías en 
transición. El estudio se llamó Business Environment and 
Enterprise Performance Survey (BEEPS). Se encuestaron 3000 
empresas en 20 países. Las preguntas que se hicieron estaban 
diseñadas para entender aspectos importantes de la gestión 
de negocios de dichas empresas. Se puso especial énfasis en 
saber los obstáculos legales que enfrentaban sus negocios, la 
eficiencia de los servicios públicos que requerían, la estabilidad 
de las políticas económicas, confiabilidad en el sistema judicial 
y, especialmente, las patologías burocráticas con las que tenían 
que lidiar como problemas de sobornos. Hellman (et al. 2000) 
utilizó los resultados del BEEPS para estudiar el impacto 
de la corrupción administrativa y la “gran corrupción” en el 
desempeño de las empresas. 
En el BEEPS se preguntó si la empresa encuestada 
había tenido que pagar algún tipo de soborno en el último 
año de operaciones. Aquellas empresas que contestaron 
afirmativamente entonces se les preguntó: “en promedio, ¿qué 
porcentaje de sus ganancias anuales, una empresa como la 
suya, tiene que pagar cada año en concepto de sobornos?” 
A los informantes se les dio una lista de posibles respuestas: 
“0%”, “Menos del 1%”, “1-1.99%”, “2-9.99%”, “10-12%”, 
“13-25%”, “Más del 25%”. A los informantes también se les 
preguntó sobre qué tipo de servicios gubernamentales —de 
una lista previamente elaborada— eran los más susceptibles a 
obtenerse mediante sobornos. Éste es un ejemplo de un mal 
diseño de alternativas de decisión. La exactitud de los resultados 
43
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se ven seriamente alterados por la irregularidad de los intervalos 
presentados como posibles respuestas. La última categoría 
en particular es extremadamente desigual, lo que distorsiona 
la consistencia de las respuestas. Stone (1992: 14) da este 
consejo: “cuando se utilicen preguntas con múltiples opciones 
de respuesta cuantitativa, es fundamental ofrecer categorías que 
puedan ser fácilmente traducibles en el análisis final de los datos. 
En particular, es importante que el punto medio de los valores 
de cada categoría estén espaciados uniformemente”.
En 2001, Transparencia Mexicana realizó otro esfuerzo 
por medir la corrupción con base en un indicador basado 
en experiencia: el Índice de Corrupción y Buen Gobierno
(ICBG). Como ya se apuntó arriba, este indicador intenta 
medir la incidencia del soborno en servicios públicos ofrecidos 
por los tres niveles de gobierno en México y por particulares 
(Transparencia, 2001). Para construir este indicador, se llevó a 
cabo una encuesta en el país que incluyó 13,790 informantes. 
Los actos de corrupción fueron registrados cuando el entrevistado 
declaró haber pagado algún soborno (“mordida”) a cambio de 
un servicio público. Para medir las experiencias con los 38 
diferentes servicios, previamente identificados, se preguntó 
con base en la temporalidad con la que se realizan cada uno 
de ellos. Las alternativas de respuesta que se ofrecieron fueron: 
“últimos 12 meses”, “últimos seis meses”, “mes anterior”, 
“semana anterior”, “alguna vez”. Aquí también se aplican los 
inconvenientes metodológicos apuntados arriba. La disparidad 
en las alternativas de respuesta son poco consistentes y eso, 
seguramente, alteró resultados. No obstante, en este caso cabe 
la posibilidad de considerar que las alternativas de respuesta 
se dieron tomando en cuenta los periodos en que los trámites 
para gestionar los servicios públicos se tienen que llevar a cabo. 
Por ejemplo, cada 12 meses se tiene que realizar la inscripción 
o reinscripción de los escolares en sus planteles de educación 
básica; cada seis meses se verifican los índices de contaminación 
de los automóviles que circulan en la ciudad de México y área 
metropolitana, etcétera.
Quizá el indicador de Transparencia Mexicana sea hasta ahora 
el mejor diseñado. En relación con los atributos que deberían 
tener los indicadores de corrupción enlistados arriba, se puede 
decir lo siguiente del ICBG:
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
44
Arturo del CastilloArturo del Castillo
• Válido. Éste es quizás el aspecto más discutible del 
ICBG. Tiene problemas de validez, que se discuten más 
adelante.
• Confiable. El ICBG se creó con una muestra estrictamente 
probabilística y el margen de error para resultados 
nacionales es menor del 1%. Además, se contó con 
supervisión externa adicional, lo que lo hace un 
indicador altamente confiable. Por supuesto, uno podría 
argumentar en contra de la disposición metodológica de 
la encuesta (¿se puede confiar en respuestas anónimas, 
difíciles de verificar?); sin embargo,la claridad y acotación 
de las definiciones adoptadas lo hacen un indicador 
transparente en cuanto a su elaboración metodológica.
• Preciso. Definiciones precisas, como el uso de la 
palabra “mordida” que designa un tipo muy específico 
de corrupción en todo México, hacen que los errores 
debidos a la ambigüedad del lenguaje, característicos de 
otros indicadores, no se presenten en el ICBG. Además, 
el ICBG, como cualquier otro indicador basado en 
experiencias, es mucho menos reactivo a la influencia 
de los medios de comunicación o a la influencia de otra 
fuente de información sobre corrupción, en tanto que se 
pregunta por experiencias individuales. Por supuesto, este 
tipo de indicadores tienen errores de medición tanto de 
inexactitudes en las respuestas de los informantes como 
en el proceso de agregación de datos. Sin embargo, los 
errores son cuantificables y ponderables.
Ahora bien, uno se puede preguntar si el ICBG —como 
cualquier otro indicador basado en experiencias— mide 
realmente lo que quiere medir. Se puede cuestionar que todos 
los sobornos que se pagan en México para conseguir servicios 
públicos sean en términos de “mordidas”, esto es, pagos 
monetarios para la obtención de un servicio público. Existen 
múltiples formas de “favores” ilegales que se emplean para la 
obtención de servicios públicos y que no necesariamente son 
consideradas como mordidas. Un servidor público, por ejemplo, 
encargado de brindar un servicio quizá pueda beneficiar a algún 
familiar sin necesidad de recibir una mordida. Éste sería un acto 
igualmente corrupto, pero no está considerado como tal en 
45
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edir la corrupción?
el ICBG debido a la forma en cómo Transparencia Mexicana 
registró los actos corruptos.
No obstante, como ya se señaló, construir indicadores que 
intenten medir la totalidad del fenómeno de la corrupción es 
extremadamente difícil, si no es que imposible. La investigación 
empírica tiene que ser modesta para ser efectiva. Desde el punto 
de vista de este trabajo, es mucho más rentable y seguro asumir 
las limitaciones de los indicadores que son posibles de construir, 
que desperdiciar tiempo y esfuerzo creando índices que serían 
invariablemente inexactos e imprecisos. Se tiene mucho que 
ganar con indicadores sencillos y replicables, pues de manera 
gradual se puede ir mejorando su exactitud y precisión. No 
olvidemos que hace apenas 10 años el tema de la corrupción 
aún se discutía con base en datos incidentales y anecdóticos. 
Hoy día contamos con un conocimiento más exacto sobre este 
fenómeno, y aunque ciertamente es parcial y limitado, nos 
permite establecer un horizonte mucho más prometedor.
II. La construcción de índices de corrupción
Lo anterior ha sido en cuanto a los aspectos metodológicos 
de los indicadores y las encuestas de las que se nutren. Cabe 
señalar algunas particularidades de los índices de corrupción. 
¿Cómo se construyen? Para simplificar la exposición considérese 
el ejemplo del Índice de Percepción de la Corrupción de 
Transparencia Internacional.21 El IPC es el indicador cuantitativo 
más amplio y asequible sobre corrupción, en el que se enlistan 
numerosos países. El índice fue elaborado por un equipo de 
investigadores de la Universidad de Gotinga, encabezado 
por Johann Lambsdorff. El IPC determina el grado en que, 
supuestamente, los servidores públicos y los políticos aceptan 
sobornos, reciben pagos ilícitos, desfalcan fondos públicos y 
cometen delitos similares.22 El índice clasifica a los países en 
una escala de 10 a 0, de acuerdo con el nivel de corrupción 
percibido. Una calificación de 10 indica un país totalmente 
21 Cabe aclarar que las reflexiones que siguen se limitan a la metodología empleada por 
TI para construir su IPC en sus versiones de 1995 al 2001, pues en su más reciente 
versión —la del 2002— la metodología para estandarizar las encuestas componentes se versión —la del 2002— la metodología para estandarizar las encuestas componentes se 
modificó sustancialmente.
22 Es importante recordar que la definición de corrupción usada por Transparencia 
Internacional es “el abuso del poder público para el beneficio o provecho privados” 
(Transparencia Internacional 1997: IV).
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
46
Arturo del CastilloArturo del Castillo
honesto, mientras que una clasificación de cero indica que el 
país es percibido completamente corrupto.23
El IPC de 2001 comprende 91 países. Se basa en 14 escrutinios 
y encuestas diferentes ejecutadas por siete organizaciones 
independientes —no por la misma Transparencia Internacional 
(TI)—.24 Estas encuestas no sólo tienen que ver con corrupción, 
sino que cubren una serie de puntos relevantes para el desarrollo 
económico y confianza para llevar a cabo negocios. La mayoría 
de estos índices se basan en preguntas algo vagas y generales 
sobre el nivel o la frecuencia de corrupción percibida por los 
expertos. Aproximadamente la mitad de estas encuestas se basa 
en la opinión de expertos para asegurar la consistencia entre 
países. La otra mitad se basa principalmente en cuestionarios 
enviados a administradores de alto nivel y mandos medios 
de empresas internacionales o locales. Por lo tanto, el IPC 
es básicamente una “encuesta de encuestas”, que refleja las 
23 Antes de juntarlos los índices deben uniformarse de tal manera que corran de 10 (el 
menos corrupto) a 0 (el más corrupto), cualquiera que sea la escala original. Para ilustrar 
este principio imagínese que se deja que una de las escalas originales corra de 0 (sin 
corrupción) a 5 (muy corrupto). Digamos que México obtiene una calificación de 4.0 
en esta escala ¿Cuál debería ser la clasificación de México en el IPC? Primero, tenemos 
que voltear la escala para que el 5 corresponda al menos corrupto y 0 al más corrupto, 
y dividir el valor absoluto de la escala del IPC entre el valor absoluto del otro índice. En 
casos más complejos cuando, por ejemplo, el subíndice del IPC no contiene los mismos 
países se deben seguir procedimientos más complicados –como lo explica Lambsdorff países se deben seguir procedimientos más complicados –como lo explica Lambsdorff 
(1999b). En principio, el índice del IPC le da a cada subíndice el mismo peso para cada 
país. Puesto que muchos países están incluidos en varios índices, cada índice recibirá 
un menor peso para países incluidos en varios índices. Además, con el fin de suavizar 
el índice final del IPC, muchos años de los subíndices se incluyeron en las bases para 
calcular el índice del IPC de 1999. Los países en los que hay menos de tres observacio-
nes no se incluyen. Los investigadores de TI parecen convencidos de haber construido 
un índice efectivo que puede promediar a los países de forma confiable en cuanto al 
grado de percepción de la corrupción. La base para esta aseveración es el alto grado de 
intercorrelación entre los 17 subíndices a partir de los cuales está construido el índice del 
IPC (un coeficiente de correlación de 0.8 es común). Ya que algunos de los índices con 
altas intercorrelaciones se basan en la información de habitantes del país, expatriados o 
expertos extranjeros, el prejuicio proveniente de rumores compartidos o de experiencias 
especiales de los expatriados no puede tomarse en serio, de acuerdo con TI. Las ase-
veraciones de TI tampoco establecen diferencias en la interpretación de lo que es alta o 
baja corrupción entre los habitantes del país ya que sus interpretaciones están altamente 
correlacionadas con la percepción de índices basados en los expatriados y los expertos 
en el extranjero. Más aún, estas altas correlaciones se obtienen a pesar de las maneras 
distintas de plantear las preguntas en las encuestas y los escrutinios. Para detalles sobre 
esta metodología, véase: (www.transparency.de).
24 Las siete organizaciones son The World Economic Forum, The World Business 
Environment Survey del Banco Mundial,The Institute of Management Development, 
Princewaterhouse Coopers, The Political and Economic Risk Consultancy, the Economic 
Intelligence Unit y Freedom House. Algunas de estas organizaciones son organizaciones 
no gubernamentales y otras son compañías de consultoría especializadas en informa-
ción estratégica de negocios y análisis de mercado.
47
IV
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edir la corrupción?
impresiones de la gente de negocios y analistas que han sido 
cuestionados en diferentes formas.25
De acuerdo con TI, ninguna de estas fuentes combina 
un muestreo suficientemente amplio con una metodología 
convincente como para obtener resultados confiables y 
comparables. Por consiguiente, TI ha optado por un índice 
mixto como el medio más firme estadísticamente para medir 
las percepciones de corrupción. Cada una de las encuestas 
utilizadas para construir el IPC usa diferentes muestreos y 
metodologías. La definición del término corrupción también 
varía de encuesta a encuesta. Por ende, cabe preguntarse si las 
encuestas cubren el mismo fenómeno (ver Lanbdsorff, 1999b). 
Más aún, todas las encuestas preguntan por el “grado” del 
fenómeno de corrupción, aunque el significado de “grado” no 
es obvio. ¿Será éste la frecuencia de transacciones corruptas o 
el monto de los sobornos pagados o del dinero malversado?26
Por otra parte, en general, las encuestas no distinguen entre 
corrupción política y administrativa.27
A pesar de —o tal vez gracias a— la vaguedad del término 
“nivel de corrupción”, las encuestas se correlacionan bien entre 
sí. El coeficiente de correlación es por lo general alrededor de 
0.8 o más alto (véase el cuadro siguiente). El alto coeficiente 
de correlación entre los índices de 1997 y 1998 (0.988) puede 
explicarse en parte por un traslape en las fuentes: de las 12 
encuestas usadas en el índice de 1998, cuatro fueron usadas 
también en la encuesta de 1997. Sin embargo, para 1996 y 
1998 no hubo traslape en las fuentes, y no obstante también las 
correlaciones fueron muy altas (0.9689 y 0.9663).
25 Las principales preguntas (y definiciones de corrupción) planteadas en los diferentes 
escrutinios y encuestas usados en el índice del IPC, se encuentran en Lambsdorff escrutinios y encuestas usados en el índice del IPC, se encuentran en Lambsdorff 
(1999b).
26 Nótese que habrán áreas extensas en donde la dimensión del soborno estará definitiva-
mente correlacionado con la frecuencia de la corrupción (ver Andving y Moene, 1990). mente correlacionado con la frecuencia de la corrupción (ver Andving y Moene, 1990). 
Por lo tanto, la distinción entre la dimensión y la frecuencia no importarán mucho para 
la construcción y la interpretación del índice.
27 En una encuesta realizada por Gallup International se distingue la corrupción política 
de la administrativa y ambas formas de corrupción resultaron estar altamente correla-
cionadas (coeficiente de correlación 0.88). De este modo, Lambsdorff (1999b) sostiene cionadas (coeficiente de correlación 0.88). De este modo, Lambsdorff (1999b) sostiene 
que el índice de TI también mide ambos tipos de corrupción. Esto quiere decir, para este que el índice de TI también mide ambos tipos de corrupción. Esto quiere decir, para este 
autor, que diferentes formas de corrupción son susceptibles de estar altamente corre-
lacionadas y que aún las preguntas vagamente formuladas pueden captar los aspectos 
más importantes del fenómeno. 
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
48
Arturo del CastilloArturo del Castillo
La manera en que se realiza el muestreo varía según las 
encuestas. Esto puede llevar a ciertas inconsistencias entre 
ellas. Por ejemplo, las respuestas pueden depender de los 
conocimientos culturales de los entrevistados, y de si son 
residentes o no residentes del país en cuestión. Más aún, las 
respuestas pueden variar entre grupos de ingresos, entre los 
expertos y el público en general. Sin embargo, Lambsdorff 
(1999b) argumenta que los impactos de estos factores en el 
IPC son insignificantes por dos razones. En primer lugar, la 
correlación entre las fuentes es alta, lo cual implica que el 
“grado de corrupción” percibido es consistente en las distintas 
categorías de entrevistados. De acuerdo con Lambsdorff, esto 
puede hacer que los entrevistados tengan la misma idea de 
cómo definir el “grado de corrupción”. En segundo lugar, aún 
si las percepciones varían entre los entrevistados, tiene sentido 
agregar los datos, “pues se puede obtener una evaluación del 
nivel de corrupción percibido por un grupo de informantes 
posiblemente heterogéneo y amplio”.
Coeficientes de Correlación entre Diferentes IPC
1995 1996 1997 1998 1999 2000
1996
0.9770
(41)
P = 0.000
1997
0.9354
(42)
P = 0.000
0.9689
(47)
P = 0.000
1998
0.9450
(42)
P = 0.000
0.9663
(53)
P = 0.000
0.9880
(52)
P = 0.000
1999
0.9386
(42)
P = 0.000
0.9594
(53)
P = 0.000
0.9820
(52)
P = 0.000
0.9933
(85)
P = 0.000
2000
0.9470
(42)
P = 0.000
0.9790
(53)
P = 0.000
0.9801
(52)
P = 0.000
0.9897
(85)
P = 0.000
0.9923
(88)
P = 0.000
2001
0.9378
(42)
P = 0.000
0.9397
(52)
P = 0.000
0.9698
(52)
P = 0.000
0.9913
(85)
P = 0.000
0.9945
(89)
P = 0.000
0.9915
(89)
P = 0.000
Donde: Coeficiente
(Casos)
1-tailed significante
49
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edir la corrupción?
TI sostiene que la combinación de varias fuentes es precisa-
mente la mayor fuerza del IPC, porque esto aumenta la fiabilidad 
del índice y reduce la posibilidad de malinterpretar las respuestas 
que se dan por cada país (Lancaster y Montinola, 1997). 
Además, las encuestas abarcan países diferentes, y cada país 
dentro del IPC no es necesariamente cubierto por las 14 fuentes. 
Para ser incluido en el índice, un país debe cuando menos estar 
cubierto por tres encuestas de tres distintas instituciones. Los 
datos de las encuestas deben referirse a condiciones actuales y 
no tener más de tres años de antigüedad.
El IPC asume que la corrupción es un fenómeno unidimensional 
y que varía a lo largo de un sólo continuo. Con todo, la 
corrupción no es unidimensional. La corrupción tiene muchas 
facetas, que incluyen el desfalco, el soborno y la extorsión. El 
IPC no distingue entre estos tipos de conducta. Además, hay 
grandes variantes en la manera en que la corrupción está 
organizada, cómo se gastan los insumos provenientes de ella, 
quién los recibe, quién los otorga y demás. Estas variantes 
pueden producir distintos resultados económicos. Tampoco 
distingue el IPC entre corrupción alta y corrupción baja. Lo que 
muestra el índice es cómo perciben los informantes elegidos la 
corrupción sistémica.
Al basarse en percepciones, el IPC no revela necesariamente 
el verdadero alcance de la corrupción en un país. El IPC 
también puede ser prejuicioso respecto a las regiones más 
pobres del mundo. Por ejemplo, no podemos asumir que un 
resultado similar signifique lo mismo en países con distintos 
niveles de desarrollo. Sin embargo, las percepciones de la gente 
sobre la corrupción pueden ser importantes para lo que sucede 
realmente. La mera creencia de que los servidores del gobierno 
están corrompidos puede, por ejemplo, afectar la confianza en 
los negocios y, a cambio, la conducta de inversiones (Goldsmith, 
1999:875).
Ahora bien, ¿qué significado tiene la clasificación que hace 
el IPC? Galtung (1998: 110) describe las cualidades del IPC 
del siguiente modo: “En el mejor de los casos, el índice puede 
medir dos cosas: tendencias de percepción a través del tiempo y 
posiciones relativas respecto a otros países. No captura el monto 
absoluto de corrupción en ningún país”.
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
50
Arturo del CastilloArturo del Castillo
Sin embargo, como lo señaló Lambsdorff (1999b), los 
periodistas y el público en general suelen malinterpretar el 
significado de la clasificación en el IPC. Se cree queel país que 
clasifica más bajo en el índice es el más corrupto del mundo. 
Esta es una conjetura prematura. En primer lugar, los índices 
sólo cubren países en donde la información requerida está 
disponible. La comunidad internacional está compuesta por 
casi 200 naciones. El IPC sólo cubre a menos de la mitad. El 
grupo de naciones que queda fuera del estudio, en general, se 
compone de países con niveles muy inferiores de desarrollo. De 
tal manera que si Bangladesh ocupa el lugar número 91 del IPC 
de 2001 cabría suponer que ese país se encuentra por arriba de 
muchas otras naciones como, por ejemplo, Burundi, Camboya, 
la República Central Africana, Laos, Nepal o Turkmenistán. 
En segundo lugar, aún con una comprensión clara de este 
déficit y un conocimiento de los métodos usados para valorar 
los índices, sigue siendo difícil decir exactamente qué implica 
una posición específica en los índices. Uno de los problemas 
es que no tenemos una manera uniforme para estimar el nivel 
de corrupción. Por ejemplo ¿debemos definir este nivel por el 
número de transacciones afectadas por la corrupción o por el 
número total de sobornos durante el año? Alternativamente, 
dicho nivel ¿deberá entenderse como la suma total de costos y 
beneficios de la corrupción en la sociedad o como el grado en 
que la política es afectada por dicho fenómeno?
De hecho ¿qué nos dice el término “grado de corrupción”? 
¿Y qué tanto afecta la ambigüedad de este concepto a la 
calificación otorgada en el índice? Es tentador pensar que una 
clasificación de 3.0 en el IPC implica que el país en cuestión es 
dos veces más corrupto que un país con la clasificación 6.0. Sin 
embargo, éste no es el caso. Aún sin recurrir a los tecnicismos 
empleados para la construcción del IPC, queda claro que para 
interpretar el índice en términos de números reales habría sido 
necesario información mucha más precisa sobre la corrupción 
de cada uno de los países enlistados, situación que está más allá 
de cualquier posibilidad imaginable.
Por ejemplo, para establecer cualquier significado claro de la 
diferencia matemática entre dos calificaciones en el índice, el 
método de medición debería estar claramente establecido de 
antemano. Imaginemos que en el país X los sobornos representan 
51
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edir la corrupción?
el 10% de todos los pagos efectuados. En el país Y los sobornos 
representan sólo el 2% de la mitad de todas las transacciones. 
Si medimos el volumen de la corrupción, esto es, la suma total 
pagada en sobornos, el país X es 10 veces más corrupto que el 
país Y. Sin embargo, si medimos el número de transacciones 
corruptas, el país X es tan sólo dos veces más corrupto que Y. 
Además, dado que estas medidas son poco claras, no podemos 
asegurar que la diferencia en niveles de corrupción entre dos 
países con índices 3 y 4, sea idéntica a la diferencia en niveles 
de corrupción entre dos países con índices 5 y 6.
Por consiguiente, si la cuantificación de la corrupción es 
incierta, la comparación de los niveles de corrupción entre 
los países también es problemática. La cuestión del grado de 
corrupción se especifica en las encuestas. No obstante, en lo 
que se refiere a los índices agregados, y en especial al IPC, es un 
problema que a menudo estén basados en una combinación de 
descripciones específicas. Por ende, aunque el objetivo sea una 
información más evidente, el método de los índices puede dar 
como resultado una información más bien velada. Sin embargo, 
también es cierto que a pesar de la ambigüedad existente en la 
medición del “nivel de corrupción”, las calificaciones asignadas 
en los índices pueden tener un carácter informativo, esto es, que 
informan si la corrupción está “más cerca” de ser un problema 
“serio” en un país en comparación con otros.
¿Qué hay de las comparaciones en el tiempo? ¿Podemos 
comparar la clasificación de un país en el IPC de un año a otro? 
En principio sí es posible hacer este tipo de comparaciones. 
Por ejemplo, si el país X está clasificado por debajo del país 
Y durante un año y al año siguiente se clasifica arriba del 
mismo país, esto nos dice algo sobre el desarrollo relativo de 
la corrupción percibida en ambos países. Sin embargo, los 
números que se les adjudican están bajo la influencia de sus 
clasificaciones relativas otorgadas en los dos años. Por lo tanto, 
la comparación debe tomarse con cuidado. Que un país registre 
una caída en el índice no implica necesariamente que su grado 
de corrupción haya empeorado. El índice no nos informa en 
dónde ha ocurrido el cambio de percepción. Tampoco nos 
dice cuándo sucedió el cambio, puesto que las percepciones 
de los encuestados se basan en impresiones que no están 
necesariamente limitadas al año del calendario. Por ende, en 
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
52
Arturo del CastilloArturo del Castillo
contraste con la afirmación de Galtung (1998), es difícil que el 
IPC reporte alguna dimensión clara excepto para un cambio 
potencial en la lista de clasificación.
Se ha visto que la clasificación de un año al otro en el IPC 
están altamente correlacionados (ver cuadro 6). La explicación 
obvia es que el nivel actual de corrupción en los países cambia 
lentamente en el tiempo. Sin embargo, esto también puede 
deberse (en parte) a debilidades en la metodología empleada. 
La “fama” del IPC puede tener impactos en las percepciones del 
nivel de corrupción de un país determinado. En otras palabras, 
la clasificación más reciente puede depender en gran medida de 
clasificaciones previas. Cabe señalar que se puede observar una 
alta correlación en las calificaciones otorgadas en varios índices 
de corrupción, lo cual no es sorprendente ya que los índices 
miden, en principio, al mismo fenómeno. Sin embargo, las fallas 
metodológicas pueden desempeñar un papel fundamental, 
especialmente si los diferentes índices se basan en las mismas 
fuentes de información: el índice A puede aplicarse para valorar 
el índice B, al mismo tiempo que B es una de las fuentes para 
valorar el índice A. Esto implica una tautología de información 
y, por lo tanto, A y B no debieran ser vistos como dos índices 
independientes.
El sentido crítico de estas últimas notas tiene como propósito 
demostrar que la hechura de los índices de corrupción es 
difícil y que aún el mejor de los índices adolece de problemas 
metodológicos. Con ello no se quiere decir que los índices 
no sirven y que es imposible medir la corrupción. Todo lo 
contrario, como se ha tratado de argumentar a lo largo de este 
trabajo, los índices pueden ser instrumentos muy útiles y hasta 
deseables. No obstante, deben tenerse en cuenta sus límites y 
saber bien qué nos dicen. El fortalecimiento de las instituciones 
comienza con el adecuado conocimiento de los hechos, de ahí 
que haya juzgado conveniente agregar este sentido crítico al 
documento. Ojalá y en el futuro inmediato podamos contar con 
más y mejores índices; la sociedad en su conjunto se puede ver 
favorecida con estos instrumentos. Como se puede observar, 
el principal problema metodológico está en la forma en cómo 
se agregan los datos para generar los índices. Este problema 
podría mitigarse si, en lugar de índices compuestos —como es el 
caso del IPC—, se construyesen índices simples con indicadores 
que tengan criterios de medición menos dispersos y sujetos a 
53
IV
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edir la corrupción?
diferentes formas de medición. Ése es, por ejemplo, otro de 
los aspectos notables del índice construido por Transparencia 
Mexicana.
Independientemente de la confiabilidad de los índices de 
corrupción, lo que es innegable es que ejercen una influencia 
importante en la opinión pública internacional. La calificación 
que se le da a un país como México tiene consecuencias 
inmediatas. De ahí que sea necesario saber cómo está clasificado 
México, en términos generales, en los índices de corrupción o 
transparenciamás famosos del mundo. Hoy día existen ocho 
diferentes índices que clasifican a diferentes países de acuerdo 
con su grado de corrupción o transparencia percibida (los 
índices basados en experiencias aún son escasos y en ninguno 
de ellos se incluye a México). La calificación que obtiene México 
en cada uno de estos índices se muestra en el siguiente cuadro:
Cuadro comparativo de la posición de México
en diferentes índices de corrupción
Índice Países 
clasificados
Calificación 
de México
País mejor 
calificado
País peor 
calificado
IPC 2001 de Transparencia 
Internacional 91 3.7 de 10 Finlandia
9.9 de 10
Bangladesh
0.4 de 10
International Country Risk 
Guide 1999 de
PRS Group
140 67.4 de 100 Luxemburgo
89 de 100
Sierra Leona
32.3 de 100
Reporte de Competitividad 
Mundial 2001 del World 
Economic Forum
75 51 de 75 Finlandia
1
Bolivia
75
Índice de Opacidad 2001 de Índice de Opacidad 2001 de 
Pricewaterhouse Coopers 35 48 de 150 Singapur
29 de 150
China
87 de 150
Índice de Transparencia 
Presupuestaria
2000 de CIDE, Fundar, 
Equidad de Género y 
Fundación Ford
5 5.0 de 10 Chile
5.9 de 10
Perú
3.7 de 10
The World Competitiveness 
Yearbook del International 
Institute of Managemente 
Development
49 43.67 de 100
Estados
Unidos
100 de 100
Indonesia
28.26 de 100
Índice de Freedom House 181 2.3 de 10 Australia
1.1 de 10
Turkmenistán
7.7 de 10
Cada uno de estos índices mide diferentes aspectos de 
corrupción o transparencia y están dirigidos a distintos públicos. 
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
54
Arturo del CastilloArturo del Castillo
En todo caso, se puede hacer una pequeña descripción 
esquemática de cada uno de estos índices:
• El Índice de Opacidad 2001 de Pricewaterhouse Coopers. 
Este índice mide el grado de opacidad percibida en 
diferentes países. De acuerdo con esta empresa, la 
opacidad desvía flujos de capital internacional, impone 
lo que equivale a un impuesto encubierto sobre las 
inversiones y eleva la prima de riesgo sobre los bonos 
soberanos. Dondequiera que exista opacidad, se reducen 
las oportunidades de crecimiento y desarrollo, tanto a 
nivel de las empresas como de los gobiernos. Este índice 
calcula en qué medida cinco factores claves contribuyen 
o limitan la transparencia de los mercados de capitales 
y el ambiente económico general en 35 países. Dichos 
factores son: 1) nivel de corrupción percibida, 2) sistema 
legal, 3) política económica, 4) normas contables y de 
información, y 5) regímenes reguladores. Si el nivel de 
opacidad lo leemos como un impuesto encubierto, se 
estima que el costo de corrupción para las empresas 
que operan en México equivale a un impuesto adicional 
del 15%. De igual manera, por su grado de opacidad, 
el costo para México de pedir prestado aumenta en el 
3%. El rango de medición de este índice va de 0 a 150 
puntos, donde 0 indica mayor transparencia y 150 mayor 
opacidad.
• El International Country Risk Guide. Este índice toma en 
cuenta distintos factores para evaluar el riesgo político, 
financiero y económico de los 140 países clasificados. 
En particular, este índice toma en cuenta el factor de la 
corrupción, es decir, la existencia de prácticas corruptas 
como el nepotismo, favoritismos, reservaciones de plazas, 
financiamiento secreto de partidos políticos y relaciones 
sospechosas entre negocios y gobierno. El objetivo 
del índice es servir como una guía que permita a los 
inversionistas evaluar, comparativamente, la estabilidad 
política de los países evaluados. Entre más cercano se 
encuentre el valor que obtenga el país al 100, el riesgo 
político es considerado menor. México obtuvo una 
clasificación de 67.4.
55
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edir la corrupción?
• El Reporte de Competitividad Mundial 2001 del 
World Economic Forum. Como ya se mencionó, este 
índice reporta estimaciones de soborno en negocios 
internacionales. Sin embargo, dada su metodología 
y objetivos es poco utilizado para análisis empíricos 
consistentes.
• El Índice de Transparencia Presupuestaria. Este índice 
mide las percepciones de transparencia que tienen 
los expertos en torno al proceso presupuestario. La 
herramienta utilizada fue una encuesta con opciones de 
respuesta cerradas y escalas que abarcaron de la menos 
favorable a la más favorable en cuanto a la percepción 
sobre las condiciones de transparencia presupuestaria. El 
índice incluyó cinco países de América Latina: Argentina, 
Brasil, México, Chile y Perú. El índice reveló que dichos 
países tienen niveles insatisfactorios en la transparencia 
de su gasto público. La encuesta utilizada para construir 
el índice ofrece un análisis detallado sobre aspectos 
específicos del proceso presupuestario, que ubica las 
áreas en donde gobiernos y sociedad deben actuar 
urgentemente para mejorar el nivel de transparencia 
presupuestaria. Las tres áreas críticas en todos los países 
son participación ciudadana, rendición de cuentas y 
acceso y oportunidad de la información sobre el uso 
de los recursos públicos. Al tratarse de los recursos 
que provienen de los contribuyentes, la debilidad 
en estas áreas lesiona aspectos fundamentales de la 
relación democrática entre el gobierno y la sociedad. 
El índice revela que los cinco países tienen niveles 
poco satisfactorios en transparencia presupuestaria, 
ubicándose en calificaciones reprobatorias. En una escala 
de 1 a 10, el promedio de los cinco países es cercano a 
cinco. El país con la mejor calificación es Chile, con casi 
seis puntos; Perú esta localizado en el extremo opuesto, 
con una calificación de 3.7 puntos de 10. Argentina, 
Brasil, y México están técnicamente empatados con una 
calificación de cinco.
• El Índice de Freedom House. Este índice tiene como 
objetivo fundamental medir el nivel de democracia 
y respeto a los derechos humanos en el mundo. Al 
ser la corrupción un elemento que mina el Estado 
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
56
Arturo del CastilloArturo del Castillo
de derecho y la consolidación de la democracia, el 
índice vincula corrupción con incapacidad política e 
inestabilidad institucional. Este es un índice que suele 
tener repercusiones importantes en estudios de equidad, 
justicia y democracia. Una lectura adecuada de este 
índice sería el visualizar a México como un país estable 
aunque con serios problemas de corrupción.
Puesto en esta perspectiva —y atendiendo a los límites de 
inherentes de cada uno de estos índices— uno puede deducir 
una situación nada halagüeña del problema de la corrupción 
en México. La mayor debilidad de todos estos índices está en 
que se basan en juicios subjetivos de personas con experiencia 
en un país calificándolo en ciertas variables a las que se otorga 
un valor determinado. La mayor ventaja está en la presión 
social e internacional que pueden ejercer sobre los países peor 
calificados para purgarse de malas calificaciones.
57
V. Conclusiones y comentarios finales
En este trabajo se ha afirmado que la rendición de cuentas, 
periódica e institucionalizada, fortalece el funcionamiento 
de las instituciones democráticas y el Estado de derecho. 
Permite construir economías más sólidas que ofrecen mejores 
condiciones de vida y garantizan mejor la defensa de las 
libertades individuales. Si el Estado no garantiza que los 
ciudadanos tengan acceso a una información fidedigna y 
adecuada sobre las acciones de gobierno, el riesgo de que 
las instituciones públicas sean infiltradas por la corrupción es 
considerablemente mayor. Por ello, es fundamental la rendición 
de cuentas para combatir con efectividad la corrupción.
Asimismo, ha resultado obvia la necesidad de contar 
con instrumentos que permitan la medición de las políticas 
gubernamentales con el propósito de que los esfuerzos en el 
combate a la corrupción sean objeto de un análisis cuidadosoy sistemático.
Por todo esto, el interés por medir los niveles de corrupción 
y de transparencia de nuestras instituciones públicas contiene 
exigencias legítimas e inobjetables. 
El propósito de este ensayo ha sido responder tres preguntas 
básicas: ¿por qué medir la corrupción?, ¿qué podemos medir? y 
¿cómo la podemos medir? Como se ha argumentado a lo largo 
de este documento, todas estas preguntas encierran importantes 
problemas metodológicos de difícil solución. Sin embargo, 
es necesario insistir en la importancia que tiene ensayar 
diferentes métodos de investigación empírica. Aun cuando las 
observaciones básicas sobre el fenómeno de la corrupción son 
de naturaleza subjetiva, no se deben dejar al mero “sentido 
común”. Las políticas anticorrupción deben basarse en un 
conocimiento más preciso sobre lo que acontece dentro y fuera 
de los actos corruptos.
Como en todas las actividades secretas, resulta muy 
complicado medir la corrupción y más aún construir índices de 
la misma. No obstante, el esfuerzo se viene haciendo desde la 
década de los años cincuenta, cuando se buscaba evaluar el 
porcentaje del producto originado por actividades informales 
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
58
Arturo del CastilloArturo del Castillo
no registradas y no contribuyentes al fisco. En 1958, Cagan 
midió la corrupción impositiva de las empresas informales por 
medio de encuestas sobre el total de efectivo del público y la 
oferta del mismo por la Reserva Federal de los Estados Unidos. 
Estimando la razón de la actividad económica legítima con la 
ilegítima y suponiendo una velocidad de circulación del dinero 
idéntica para ambas, Cagan (1958) pudo “deducir” la cantidad 
de transacciones no reportadas. No obstante, no ha sido sino 
hasta muy recientemente en que las estrategias para medir la 
corrupción se han depurado. El ejemplo más conocido es el IPC 
de Transparencia Internacional, el cual despierta cierto grado 
de controversia. Tal como Transparencia Internacional lo ha 
reconocido siempre, el IPC se basa en encuestas de percepciones, 
no necesariamente de la realidad, y su valor radica en tanto que 
reflejan las percepciones de la comunidad internacional de 
negocios, cuyas decisiones en materia de inversiones tienen 
un impacto en la economía nacional. Mientras más alto sea el 
nivel de percepción de la corrupción, menos inclinados estarán 
—en principio— los inversionistas extranjeros en establecer 
compromisos más allá del corto plazo (y de altas ganancias) en 
un país. 28
En particular, el IPC ha servido para hacer subrayar el asunto 
de la corrupción en varios países, y se le acredita el haber 
contribuido a elevar el nivel de atención de algunos gobiernos 
a dicho problema. También ha sido duramente criticado por ser 
“anti-Sur”, al enfocarse tan sólo en una parte del problema (los 
receptores de sobornos en lugar de los que ofrecen sobornos 
internacionalmente) y por dar, en ocasiones, un mensaje 
deprimente a los gobiernos que están haciendo esfuerzos para 
combatir la corrupción. La metodología desarrollada para 
amalgamar una serie de encuestas ha estado bajo constante 
revisión y aún no ha alcanzado por completo un consenso 
entre los expertos del campo. No obstante, el hecho de que los 
países deben ser cubiertos por al menos tres encuestas diferentes 
significa que el índice resulta comparativamente sólido.
28 De acuerdo con Wei (2001), un incremento de 1% en la tasa de impuesto marginal 
reduce el ingreso por inversión extranjera en alrededor de 5%. Un incremento de un 
grado en el nivel de corrupción, en 5% una escala de 10 puntos, está asociada con 
una reducción de 16% en el flujo de inversión extranjera, o lo que equivale aproxima-
damente a un incremento de 3% en la tasa de impuesto marginal. En otras palabras, el 
empeoramiento del nivel de corrupción de un país receptor de inversión, como Chile o 
México, equivale a un incremento de cerca de 21% en la tasa de impuesto marginal a la 
inversión extranjera.
59
C
onclusiones y com
entarios finales
V
El IPC envía un mensaje simple a los gobiernos que 
califican pobremente. Estén o no justificados los resultados, el 
índice refleja las percepciones de la gente de negocios que se 
encuentran tomando decisiones diarias que afectan directamente 
las economías de los países. Se llama a la atención, ya sea para 
desmentir los malos entendidos o para poner remedio a las 
quejas. El IPC también ha ayudado a enfrentar el síndrome de 
“ellos y nosotros”: la tendencia de algunos países en desarrollo 
a culpar sólo a los extranjeros por los malestares domésticos. 
Al enfocarse en la corrupción “en casa”, el IPC estimula el 
debate doméstico e incentiva la creación de programas para 
combatirla. 29
Otro índice importante en el debate actual sobre corrupción es 
el Índice de Pagadores de Soborno, también de Transparencia 
Internacional. Este índice sólo tiene dos versiones, la de 
1999 y la del 2002 ambas elaboradas en colaboración con 
la organización Gallup Internacional. Este índice se basa en 
una muestra representativa de las elites en varias economías 
emergentes para determinar en dónde es más probable que 
se paguen sobornos. Esto arrojó una imagen deprimente del 
involucramiento en actos de corrupción de varias compañías 
radicadas en países líderes en exportaciones. Además de estas 
estrategias de medición existen otras medidas que pueden ser 
de particular interés. Aquí se mencionan algunas:
• Tarjetas de reporte. Una metodología particular, iniciada 
por el Centro de Asuntos Públicos de Bangladesh, es el 
uso de “tarjetas de reporte” de servicios públicos. Estas 
consisten en entrevistar a los “consumidores” de varios 
servicios públicos para determinar qué “extras” son los 
que se les pide pagar para tener acceso legítimo a su 
servicio. Las tarjetas de reporte resultantes son luego 
discutidas por los directores responsables de los diversos 
servicios y publicadas en la prensa y en la radio. Varias 
ONG alrededor del mundo están siendo capacitadas en 
Bangladesh para hacer uso de esta medida, incluyendo 
miembros de varios capítulos nacionales de Transparencia 
Internacional. 30
2929 Considérese, por ejemplo, la importancia que le ha dado el actual gobierno de México 
a los resultados publicados por Transparencia Internacional.
30 El lector interesado puede encontrar la información detallada sobre esta metodo-
logía en la página web del capítulo de Bangladesh de Transparencia Internacional,
www.ti-bangladesh.org/www.ti-bangladesh.org/
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
60
Arturo del CastilloArturo del Castillo
• Encuestas “Big Mac”. Una metodología diferente ha 
sido desarrollada por Poder Ciudadano, el capítulo 
de Transparencia Internacional en Argentina. Esta 
metodología consiste en, primero, ganarse la cooperación 
de una secretaría de Gobierno específica o del alcalde de 
una ciudad y luego llevar a cabo un análisis de los precios 
pagados o cobrados por varios servicios. Por ejemplo, se 
encontró que diferentes hospitales estaban comprando 
provisiones idénticas a precios muy distintos. Haya sido 
por razones de ineficiencia o de corrupción, el desperdicio 
y la extravagancia quedaron claros. Una vez que se 
identificó a los delincuentes por medio de la comparación 
de precios, se tomó acción oficial y los precios de compra 
cayeron dramáticamente. En otra encuesta de “Big Mac”, 
se revelaron grandes discrepancias como resultado de 
una comparación de los costos de almuerzos escolares 
y los precios en que eran vendidos. A poco tiempo de 
la publicación de tales diferencias, los proveedores que 
estaban elevando los precios, los disminuyeron y los 
pusieron todos en línea. 31
• Estadísticas de espejo. Esta metodología es una 
forma de monitoreo de la sociedad civil que ha sido 
desarrollada en Bulgaria.Consiste en una comparación 
entre los bienes exportados al país vecino, Rumania, 
de acuerdo con los documentos de importación de 
dicho país. Esta iniciativa requiere de la cooperación de 
ambas autoridades aduanales. Así como sucede con la 
comparación de estadísticas nacionales, el intercambio 
diario de información y datos registrados en ambos lados 
de la frontera le permite a los oficiales de aduana de 
Bulgaria comparar información acerca de los vehículos 
cargando bienes de categoría de “alto riesgo” a través 
de la frontera. Cuando esto fue aplicado en la frontera 
entre Bulgaria y Rumania, reveló una variedad de 
fraudes aduanales, particularmente en lo que se refiere 
a cigarrillos. Se demostró que camiones de Bulgaria 
cargados de cigarrillos destinados a la exportación jamás 
cruzaron la frontera o la cruzaron pero iban cargados de 
31 Las encuestas “Big Mac” toman su nombre de una técnica que fue usada por primera 
vez para medir los salarios comparativos en diferentes partes del mundo. En esencia, 
consiste en calcular el tiempo que un trabajador promedio tendría que trabajar para 
ganar lo equivalente al precio de una hamburguesa de McDonalds.
61
C
onclusiones y com
entarios finales
V
papel higiénico o productos semejantes (como aparece 
en los registros de la frontera del lado de Rumania). De 
esta manera, los bienes libres de impuestos permanecen 
en Bulgaria sin haber pagado impuestos. 32
Estas estrategias alternativas nos hablan del impacto que 
pueden tener en la transparencia y rendición de cuentas 
del sector público. Así pues, contar con indicadores que nos 
permitan comparar los niveles de corrupción es algo positivo, 
claro, atendiendo sus límites. Los índices de percepciones o 
experiencias de los ciudadanos parecerían tener poco valor a 
menos que sean realizados con altos estándares profesionales y 
sean dirigidos a sectores particulares (como los consumidores de 
las clínicas de salud o los simples ciudadanos que gestionan el 
trámite de su licencia para conducir). Cuando se realizan de esa 
manera, la información resultante puede ser extremadamente 
útil tanto para establecer una línea de base sobre la cual medir 
cambios futuros, como para determinar qué está mal. Cuando 
se publican los resultados, estos pueden también concienciar al 
público y generar un debate público importante. Al dar a conocer 
los hechos, estos pueden mitigar la politización de la corrupción, 
pues despolitizarla completamente es imposible. En conclusión 
los índices de corrupción y transparencia institucional pueden 
ayudar a fortalecer los mecanismos de rendición de cuentas en:
• Estimular el debate focalizado sobre acciones concretas. 
La información y análisis de índices ayuda a construir 
coaliciones entre los actores clave al motivar su 
participación positiva, estimulando un debate sobre 
reformas concretas y promoviendo la acción colectiva.
• Dar a la comunidad una “voz” y fortalecen el sentido de 
propiedad local. Cuando los resultados de los índices son 
publicados y diseminados ampliamente entre la sociedad, 
pueden actuar como verdaderos mecanismos de disparo 
para fortalecer la opinión pública y generar condiciones 
para su reforma.
• Promover reformas institucionales. Medir los costos 
económicos y sociales de la corrupción puede ayudar 
32 Esta metodología se explica con detalle en el documento de Todorov et. al (2000). El (2000). El et. al (2000). El et. al
documento reporta, además, intentos de réplica en otras partes de Europa central con 
casos interesantes de casos de corrupción en la transferencia de bienes dentro de los 
mismos países.
Medición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de CuentasMedición de la corrupción: Un indicador de la Rendición de Cuentas
62
Arturo del CastilloArturo del Castillo
a identificar áreas prioritarias de reforma y establecer 
marcas cuantitativas para calibrar el éxito de reformas 
institucionales. La información específica sobre 
organismos enfoca el debate en las instituciones y no 
en los individuos. La información sobre las estructuras 
institucionales subyacente ayuda a explicar por qué 
algunas instituciones son más vulnerables a las actividades 
y comportamientos corruptos que otras. 
• Identificar áreas problemáticas y prioridades de reforma. 
Los instrumentos de las encuestas en que se basan los 
índices pueden incluir preguntas cerradas e indirectas que 
maximicen el índice de respuestas y facilitan el análisis 
sistemático de la información. Un análisis empírico 
riguroso conduce a un debate constructivo en materia 
de reformas concretas para combatir la corrupción. Las 
preguntas de las encuestas podrían —como ha sido en 
el caso del ICBG de Transparencia Mexicana— enfatizar 
la información experimental (es decir, empírica), en lugar 
de la mera percepción. Tanto las experiencias como las 
percepciones son fuentes de información útiles para el 
análisis riguroso. La información concreta sobre temas 
nuevos y viejos es una herramienta poderosa para las 
estrategias de combate a la corrupción.
En este sentido, la Auditoría Superior de la federación, en 
su actuación proactiva como promotora de la transparencia, 
eficiencia y mejora continua de los servicios públicos, ha 
propuesto la necesidad de implementar programas de gobierno 
puntuales que ataquen de fondo las causas que generan la 
corrupción mediante la adopción, entre otras, de las acciones 
prioritarias siguientes:
Reducción gradual del exceso de burocracia, tramitología 
y discrecionalidad en la prestación de los servicios públicos; 
establecimiento de modelos de servicio civil de carrera que 
otorguen seguridad laboral a los trabajadores y eviten la 
visión patrimonialista de los cargos públicos; creación de 
sistemas de indicadores estratégicos de medición que permitan 
evaluar el desempeño de instituciones y servidores públicos; 
fortalecimiento de los mecanismos y procedimientos de 
supervisión y control de los recursos federales transferidos 
63
C
onclusiones y com
entarios finales
V
a estados y municipios; identificación de oportunidades de 
mejora en la gestión gubernamental; e inclusión, en todos los 
niveles de enseñanza, del estudio de valores éticos y morales, 
que constituyen por sí mismos, la mejor prevención contra las 
prácticas corruptas. 33
Podemos constatar que la rendición de cuentas y el combate 
a la corrupción se han convertido en los signos de los últimos 
años. En prácticamente todo el mundo existe un interés creciente 
por saber los efectos reales que tienen las prácticas corruptas y la 
ausencia de transparencia en la vida política y económica de las 
naciones. Por ello, la medición de estos fenómenos se convierte 
en el eje del debate. Nos queda claro que sin medición, no puede 
haber mejora alguna y, por ende, los esfuerzos de combate a la 
corrupción y rendición de cuentas corren el riesgo de quedar en 
letra muerta.
33 Visión Estratégica de la Auditoría Superior de la Federación, publicada en el mes de 
enero de 2002.
65
A
nexo
ANEXO
Cuadro 1
Encuesta Nacional de Corrupción
y Buen Gobierno 2001
Transparencia Mexicana
Lugar Estado Promedio
1 Colima 2.96
2 Baja California Sur 3.88
3 Aguascalientes 4.53
4 Coahuila 4.99
5 Chihuahua 5.51
5 Sonora 5.53
6 San Luis Potosí 5.73
6 Baja California 5.74
7 Guanajuato 5.95
8 Quintana Roo 6.12
9 Zacatecas 6.20
10 Tamaulipas 6.29
11 Nayarit 6.43
12 Tlaxcala 6.59
13 Hidalgo 6.67
14 Yucatán 6.77
14 Chiapas 6.77
15 Nuevo León 7.05
16 Campeche 7.34
17 Oaxaca 7.36
18 Morelos 7.65
19 Sinaloa 7.81
20 Veracruz 7.93
21 Querétaro 8.05
22 Tabasco 8.54
23 Durango 8.85
24 Michoacán 10.31
25 Jalisco 11.55
26 Puebla 12.10
27 Guerrero 13.39
28 México 16.95
29 Distrito Federal 22.62
Nota de lectura: en los extremos se encuentran el estado de Colima y 
la ciudad de México; el primero como la entidad que se percibe menos 
corrupta y en el otro polo la ciudad de México, con el más alto índice 
de corrupción en el país.
67
A
nexo
Cuadro2
Resultados del Índice de Corrupción 
y Buen Gobierno 2001 por Servicios Públicos
Transparencia Mexicana
Número Tipo de acto Valor del índice
1 Trámite de predial 1.55
2 Trámite para obtener una incapacidad o justificante 
de salud 2.79
3 Trámite relacionado con el servicio telefónico 2.91
4 Trámite para la conexión o reconexión de gas a 
domicilio 2.92
5 Trámite para la conexión de teléfono 3.02
6 Trámite fiscal en la Secretaría de Hacienda: RFC, 
devolución, declaración trimestral o anual 3.26
7 Visitar a un paciente en un hospital fuera de los 
horarios permitidos 3.66
8 Recibo de correspondencia 3.81
9 Trámite para obtener una ficha de inscripción a una 
escuela oficial 3.84
10 Trámite para obtener la cartilla militar/exentar el 
servicio militar 3.85
11
Arreglo para atender urgentemente a un paciente o 
que éste ingresara antes de lo programado en una 
clínica
4.33
12 Trámite para obtener constancias de estudios u 
exámenes en escuelas públicas 4.67
13
Trámite para obtener un crédito o préstamo en efectivo 
para su casa, negocio o automóvil en instituciones 
privadas
4.98
14 Trámite para recibir apoyo o incorporarse a programas 
del Gobierno como Progresa, Procampo, leche, etc. 5.85
15 Trámite para obtener o acelerar el pasaporte en la 
Secretaría de Relaciones Exteriores 6.37
16
Trámite para la introducción o regularización de 
servicios: agua, drenaje, alumbrado, pavimento, 
mantenimiento de parques y jardines, etc. 
8.54
17
Trámite para obtener un crédito o préstamo en efectivo 
para su casa, negocio o automóvil en instituciones 
públicas como el Infonavit
9.35
18 Obtención del servicio de vigilancia de la delegación 
o municipio 9.71
19 Trámite para detener o acelerar actas de nacimiento, 
defunción, matrimonio o divorcio en el Registro Civil 10.01
20 Trámite para obtener una licencia o permiso de uso 
de suelo 10.08
21 Trámite para la conexión o reconexión de luz a 
domicilio 10.73
22 Trámite para la conexión o reconexión de agua y/o 
drenaje a domicilio 10.75
Continúa...
69
A
nexo
Número Tipo de acto Valor del índice
23 Regularizar cualquier trámite de su vehículo (cambio 
de dueño, etc) 11.98
24 Obtención de agua de la pipa de la delegación o 
municipio 12.90
25 Trámite para obtener el servicio de poda de árboles 13.10
26 Trámite para obtener la licencia de conducir 14.48
27 Trámite para aprobar la verificación vehicular 14.54
28 Trámite para llevar o presentar un caso en un juzgado 15.40
29
Trámite para obtener una licencia o permiso de 
demolición, construcción o alineamiento y número 
oficial
16.81
30 Trámite para trabajar o vender en vía pública 18.70
31 Trámite para obtener el servicio de limpieza de 
alcantarillado (desazolve) 25.76
32 Pedir al camión de la delegación o municipio que se 
lleve la basura 27.02
33
Trámite para evitar la detención en el Ministerio 
Público /realizar una denuncia, acusación o levantar 
un acta/lograr que se le de seguimiento a un caso
28.26
34 Trámite para pasar sus cosas en alguna aduana, retén, 
garita o puerto fronterizo 28.47
35 Trámite para recuperar su automóvil robado 30.29
Nota de lectura: entre menor sea el valor del índice, menos corrupción 
ocurre durante la gestión del trámite.
Cuadro 2
Resultados del Índice de Corrupción 
y Buen Gobierno 2001 por Servicios Públicos
Transparencia Mexicana
71
A
nexo
Cuadro 3
Índice de Democracia
Corporación Latinobarómetro
País 1996 2001
Colombia 38 22
El Salvador 41 23
Paraguay 41 23
Guatemala 34 25
Ecuador 43 28
Panamá 52 28
Chile 41 34
Nicaragua 41 34
Bolivia 45 35
México 32 36
Perú 46 39
Argentina 53 39
Honduras 31 46
Venezuela 46 49
Costa Rica 66 61
Uruguay 66 67
Nota de lectura: este índice muetra que las sociedades más 
democráticas, con el mayor apoyo y satisfacción en América Latina 
son Uruguay y Costa Rica, y las menos democráticas son Colombia, El 
Salvador y Paraguay.
73
A
nexo
Cuadro 4
Índice de Gobernabilidad
Instituto del Banco Mundial
1 2 3 4 5 6
América Latina 59.6 54.1 49.2 58.6 46.1 50.6
Argentina 68.4 69.1 58.8 58.6 61.2 45.3
Bolivia 62.1 25.3 36.9 77.5 41.2 26.1
Chile 70.7 82.1 86.3 92.9 86.5 90.1
Colombia 35.6 8.6 40.6 45.0 22.4 44.7
Costa Rica 91.4 85.8 77.5 85.2 71.2 80.7
Ecuador 47.7 19.1 19.4 43.8 23.5 13.0
Honduras 51.7 57.4 32.5 38.5 10.0 31.7
Guatemala 40.2 19.8 30.6 53.3 13.5 28.6
México 59.8 50.6 63.1 74.0 41.2 49.7
Nicaragua 51.1 60.5 27.5 38.5 21.2 24.2
Panamá 72.4 69.8 49.4 85.8 52.9 41.6
Paraguay 27.0 17.3 10.0 25.4 18.2 14.9
Perú 60.3 42.0 41.9 63.9 35.9 55.3
República 
Dominicana
64.9 64.8 46.3 76.3 56.5 50.3
Uruguay 82.2 85.2 73.1 87.6 72.4 77.6
Venezuela 39.1 38.9 23.8 33.1 20.0 34.2
Nota de lectura: el índice se compone de seis dimensiones de análisis. 
Cada columna se relaciona con una de estas dimensiones:
• Columna 1: Voz, libertades fundamentales y rendición de 
cuentas.
• Columna 2: Estabilidad política y falta de violencia.
• Columna 3: Eficacia gubernamental o burocrática.
• Columna 4: Calidad del marco regulatorio.
• Columna 5: Aplicación de las normas del Derecho.
• Columna 6: Control de la corrupción.
75
A
nexo
Cuadro 5
Índice de Violencia
Programa de Análisis de la Situación de la Salud
Fines de los 70 
principios de los 80
Fines de los 80
principios de los 90
Guatemala 150
El Salvador 150
Colombia 20,5 89,5
Brasil 11,5 19,7
Nicaragua 18,3
México 18,2 17,8
Venezuela 11,7 15,2
República Dominicana 11,9
Perú 2,4 11,5
Panamá 2,1 10,9
Ecuador 6,4 10,3
Honduras 9,4
Argentina 3,9 4,8
Costa Rica 5,7 5,6
Uruguay 2,6 4,4
Paraguay 5,1 4
Chile 2,6 3,0
Estados Unidos 10,7 10,1
Nota de lectura: este índice muetra tasas de homicidio en América 
Latina y el Caribe por cada 100.000 personas.
77
B
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Medición de la corrupción: Un indicador 
de la Rendición de Cuentas, terminó de 
imprimirse en abril de 2003, en Editorial 
Color, S.A. de C.V., Naranjo 96 bis, P.B., 
Col. Santa Maria la Ribera. México D.F. 
Tel: 5547-3540
Esta edición consta de 5,000 ejemplares.